22.1.07

Desde Mi Azotea


En esta entrada, pretendo reivindicar el que es mi reino y mi trono desde el cual, regiré los destinos de esta nación encaminada hacia su conversión en tierra de vividores. Nada más salir de mi laboratorio, encuentro esta visión que me transporta a la séptima cima de los placeres terrenales. Placeres incomparables ni siquiera con los divinos... Desde estos butacones se han dirigido escapadas viciosas, se han planificado salidas nocturnas alevosas y maquiavélicas, se han penetrado mentalmente cientos de ortos, pero también se han penetrado mentalmente los mismos ortos cientos de veces. Estos butacones han sido testigos de fantasías reprimidas, aberrantes e insomnes, que han contribuido a endulzar mi estancia en este lugar. Es en estos butacones donde tiene lugar el acto de reforzamiento de los vínculos crápulas entre BertoliniMan, Vallecatres, el Capitán Trinchaculos, CentolloMan y un servidor, originando el cónclave crápula de los USA. Gracias a estos butacones, este país de mierda conocerá en carne propia lo que es una élite/nobleza vividora de verdad, que sólo piensa en su esparcimiento y en el regocijo a través del alcohol y los vicios. Gracias a estos asientos, mi edificio tiene color.

Desde aquí, bendigo y consagro estos butacones para que sean la cuna de la ruina crapuliana en este país. He dicho.

Entropía Culinaria

Domingo. Un día más en este retrete gigante llamado USA en lugar de Roca. Después de haber estado toda la mañana con mis testículos sentados delante de mi flamante portátil, he bajado a la cocina para prepararme un suculento plato precocinado y congelado, dado que mi decrepitud asumida me impide prepararme nada más elaborado. Cual alegre potrillo trotaba escaleras abajo cuando mi alegría se trocó asco: Mi casera andaba pululando por el recinto culinario. Sin ser mala persona, considero que mi casera es alguien a quien prefiero evitar, debe ser una mezcla entre su cotrinez innata y mi antisociabilidad incrustada en mi alma.

Al arribar a la susodicha estancia, me encontré un caos comparable sólo a los momentos previos al hundimiento del Titanic: Platos en la mesa, rollos de papel de aluminio esparcidos aleatoriamente, el fregadero inundado a partes iguales de platos y de mierda, y el horno funcionando a toda potencia con una masa informe siendo calentada en su interior. Como no podía ser de otra manera, la televisión estaba puesta a todo volumen, uniendo su algarabía al pandemonio reinante. Durante un momento dudé de dónde me hallaba, pues parecía que la puerta de la cocina había sido transformada en una puerta interdimensional hacia un universo escatológico irreal. No obstante, al ver el inmenso culo de mi casera, desperté de una pesadilla para caer en otra peor.

Debatiéndome como pude entre la mierda, llegué al congelador, dentro del cual reinaba un pecaminoso orden, y cogí mi pitraco congelado. Pensando que tendría que esperar que mi cena se preparase sola en el día del juicio final (el horno estaba aún ocupado), sonó la alarma del susodicho horno avisando de que la masa informe estaba lista para ser <...> (no identifiqué qué era realmente, por lo que no puedo imaginarme para qué sería). Rápidamente, me abrí paso cual enloquecida fiera en busca de su hembra y conseguí introducir mi vianda e iniciar su calentamiento. Más relajado, me dediqué a indagar en el por qué de la caótica realidad que me rodeaba. No conseguía llegar a conclusión alguna, cuando me dió un ataque, conocido médicamente como jamacuco, al contemplar la raíz de todo aquel emporio del desorden: Mi rentadora se hallaba preparando...... ¡¡¡Hamburguesas en la barbacoa!!! En el arrebato de pánico que sufrí, no sabía si tirarme por la ventana del primer piso, enterrar viva a mi casera en un pozo de mierda o asarla junto con las hamburguesas. Mi poderosa maquinaria teórica se puso en marcha para intentar explicar por qué se había liado una sucursal de Pearl Harbor en la cocina si ni tan siquiera se había matado una vaca para picar la carne... A fecha de hoy, he sido incapaz de hallar la respuesta, pero hay una cosa que está clara: Si para hacer unas putas hamburguesas hace falta desencadenar el armageddon, hacer unos callos con garbanzos sería condenar el universo entero a su aniquilación... Bendita gastronomía americana...

20.1.07

Fantasías de Crédito.

En mi periplo por este país de los cojones, esta noche tuve ocasión de presenciar una escena de lo más excitante, a la vez que insólita. En uno de los tres antros de perdición y maldición existentes en las cercanías de mi chabola, al inquirir por una ginebra, hube de pagarla (evidentemente). Semejante acto lo realicé con mi tarjeta de débito, haciendo alarde de poderío económico y de nivel social. La persona a quien cedí mi tarjeta resultó ser una camarera de lo más pinturero, y que, para colmo, hablaba español con un acento marcadamente americano y sexual. Esta camarera, objeto de mis más innombrables instintos bajunamente animales, y poseedora de una coleta a lo Taras Bulba pero menos feo, se encontró sumida de repente en un torbellino de peticiones provenientes de vividores como yo, por lo que hube de esperar como agua de mayo que llegaran mi ginebra y mi tarjeta de crédito. Maldije con amargura a esta sociedad que impulsa a las personas a convertirse en abyectas sombras de lo que pudieron ser, al elegir el camino de la barra del bar para joderme a mí esta noche. En estas cábalas andaba metido cuando me percaté de que la susodicha camarera pinturera llevaba MI tarjeta en SU boca; indescriptible fue la marea de pensamientos, imaginaciones y fantasías que me recorrieron en menos de un microsegundo. Aún no tenía mi ginebra, pero el subidón de hormonas que me produjo la contemplación de esa imagen me trasnportó a un sueño húmedo en el que no existía barra de bar para nadie más que para mí, estando la camarera pinturera totalmente desnuda, y con mi tarjeta de crédito entre sus dientes farfullando lo que podía ser una invitación a ponerla mirando hacia Gibraltar, agarrarla por la coleta y fornicarla sin parar hasta que se agotase el crédito de mi tarjeta. En el momento en que se agotase, reemplazaría en su boca la tarjeta por mi glande para que le metiese más crédito del que ya tiene... Imbuido en ese sueño me hallaba cuando me habló de nuevo con ese acento tan marcadamente americano sexual agradeciéndome la propina que le dejé. Al guardarme la tarjeta, pude comprobar cómo había dejado las huellas de sus dientes en ella, junto con tres pelos ensortijados y restos de sarro... Será guarra la tía... No es muy atractivo, pero como dijo un sabio una vez, "una boca es una boca". Se quedó calvo el tío.

Frases para la historia (e histeria).

Tras mucho reflexionar sobre la idea que me dió CentolloMan, mis santos cojones han decidido que a partir de ahora, incluiré en este rincón de decadencia y ruina una sección de frases memorables del cónclave crápula de los USA. Espero que los autores no se vean afectados ni insultados, en cuyo caso, procederé a pasarme por el forro de los testículos (también llamado escroto) sus quejas y demás improperios. Dicho esto, inauguro la sección con las primerísimas entradas, las cuales se encuentran a la derecha y se irán actualizando periódicamente.

8.1.07

Vuelta al infierno ruinoso

He pasado unas navidades fantásticas en compañía de mi gente en mi España castiza y de mis amores más profundos y húmedos, pero toca volver al país de la libertad, bendita sea su puta estampa. Volver al país que hace que mis visitas al retrete sean más seguidas de lo conveniente. El país que hace que se me ericen los vellos anales al comprobar la devoción que sienten hacia unas tradiciones salidas de un todo a cien. Mi mente vuelve a encontrarse perdida y nadando en mierda estéril en lugar de la fecunda porquería en que suelo moverme. En este ambiente, mis capacidades crapulescas y vividoras temo que se estén atrofiando, constreñidas por una idiosincrasia pro-trabajo y deseosa de que den las cinco de la tarde para ir al supermercado a comprar mierda de la peor... Me siento un tanto perplejo ante la idea de vida de estas gentecillas de por aquí, pero creo que mis portentosas capacidades vividoras habrán de aletargarse durante un tiempo para poder pasar desapercibido... Y una polla pa todos ellos. YO, Mr. Crápula, habré de evangelizar a estos hijoputas para erradicar su lamentable modo de vida. Como aseguré en un post anterior, YO habré de cagarme en esta realidad para poder iluminarla y conducirla a buen puerto. Cual mesías, mis cojones hallarán antros de resistencia y los habré de conducir en mi yihad crapuliana hacia el paraíso del vividor. Desde aquí declaro que aceptaré en mis filas a todos aquellos que quieran unirse en mi batallón contra los ruinas.
"Me cago en todos estos amelicanos de los honolables cojones"
Almirante Tu-Kulito Sakayama, guerra del pacífico, 1944.