24.4.07

Desparramados en la noche, vol. 4

Al cruzar el umbral de la puerta hacia la fría calle, descubrí dónde se inician las relaciones sociales y sexuales en este cochino pais: En la acera del local del que te echan despiadadamente. El grupo, originariamente una piña, se disgregó en dos subgrupos y una pareja de interfectos. El primero, constituido por el Amo, Centollo, ValleK y La Mujer. El otro, por Van Pollen (o lo que de él quedaba), la Señorita Mangana, FragmentKlander y sra, la poderosa luminaria y los dos molletes gabachos. Como nexo de unión, yo, y como pareja de interfectos, el Gaucho Garchador y el ruso.

En el grupillo del Amo del Megaherzio se podían escuchar conversaciones sobre nacionalidades españolas y sobre las teorías de CentolloMan sobre el encogimiento del cerebro de los canarios en invierno. Apesadumbrado por el elevado nivel intelectual presente, derivé hacia el otro grupo, para escuchar cómo se jaleaba sin recato a una pareja que allí andaba deglutiéndose las lenguas en las escaleras del antro. Tras conminar al chaval a meterle la lengua hasta el intestino a su companera y presenciar su huida, espantados de los degenerados españoles presentes, comenzaron a surgir unos piropos de Van Pollen hacia la sra. de FragmentKlander. Dichos piropos, producto de una enajenación alcohólica espeluznante, fueron subiendo de tono, pero Van Pollen siempre mantuvo la dignidad, acentuando el estado civil de la señora y puntualizando que si no estuviera casada, arderían Roma, Troya y hasta Persia si se ponía farruca. Sin poder dar crédito a lo que veía, me retiré un poco para ver cómo dos increíbles y espectaculares molletes autóctonos se acercaban a Van Pollen para pedirle tabaco, a lo cual, nuestro inefable protagonista respondió con una muestra de castigo mental que desarmó a ambas individuas y motivó a El-Hombre-Buda a que entablase conversación con ellas. Cuando se fueron, abrumadas sin duda por el elevado nivel del tremebundo Buda, éste se acercó a un taxi que paró, dándole plática al conductor y convenciéndome de que el estado general del cónclave era más que lamentable.

Andaba a punto de hacerme unas trenzas en las venas (decidí no cortármelas, sino dejármelas largas) cuando fui testigo de varias cosas centradas en un mismo acto: Cuando Van Pollen se sacó la chorra al aire y comenzó a miccionar en la puerta del bar, comprendí que este santo varón se hallaba en la cima del mundo, orinando en suelo americano en público, despreciando todo tipo de normas y convenciones sociales rancias y dejando claro quién era el amo indiscutible de la noche. La otra vertiente es que FragmentKlander se dedicó a tirarle unas cuantas fotos con el cayetano al fresco, teniendo su venganza servida tras el acoso y derribo al que sometió Van Pollen a su señora.

Después de haber sufrido las iras de los alcoholes etílicos, decidimos por consenso global retirarnos a nuestros aposentos, para lo cual invoqué a mi montura chicharril para que nos llevara rauda y veloz hacia la casa de Van Pollen, momento en el que presencié el último y más penoso freak-show de la noche, al comprobar cómo la dignidad de Van Pollen cedió al empuje de su torrente alcohólico, originando una caminata desde mi máquina hasta su casa protagonizada por un sinnúmero de tropezones y tumbos que intentaron derribar al más grande vividor que haya pisado los USA en toda la historia (con la salvedad del dios Bukowski).

Como dijo un sabio, esto es más grande que el día del señó.

Desparramados en la noche, vol. 3

Llegados al núcleo de la depravación, inicié mi crapuliana carrera con una cervecita la mar de apañada. Tras disipar mi sed, me dediqué a observar posibles molletes decentes, encontrando una buena colección que tuve a bien criticar con Vallecatres, mientras La Mujer Aislada meditaba con la mirada perdida entre cansancio y alcohol. Con la música house a todo trapo, Van Pollen se movía como una mecedora al ritmo de los copazos y de la charla con el mollete gabacho que CentolloMan había intentado conquistar con su cotidiana simpatía, privando el cumpleañero a este último de cualquier posibilidad de éxito (en el cónclave es sobradamente conocido el arte que tiene Van Pollen a la hora de camelarse a las mujeres guapas). A todo esto, el Amo del Megaherzio desconocía ya su situación en el continuo espacio-tiempo debido a la influencia gravitatoria de una pinta de cerveza que tenía en la mano; dicha pinta, a su vez, distorsionaba la trayectoria uniformemente acelerada de CentolloMan al acercarse a La Mujer Aislada, y provocó que el susodicho Amo se encontrase con el copazo en la camisa unas cuantas veces.

Pasando los minutos, hice balance de la noche: Van Pollen en estado catatónico espurreando palabras con el mollete gabacho. El-Hombre-Buda-Que-Ilumina, ciego como un piojo e intentando hablar (cuando la borrachera se lo permitía) con la compañera del mollete gabacho, la cual provocó su caída del Olimpo de los Rodolfos Valentinos calvos. El Amo del Megaherzio con un whisky on the rocks, redefiniendo el concepto de desatamiento vil y terrorífico. Vallecatres medio tocado, sorprendido y concentrado en observar a una interfecta que bailaba drogada perdida en la pista adyacente a nosotros. FragmentKlander y señora dándose arrumacos etílicos y tirándose fotos para recordar semejante episodio. La Señorita Mangana más perdida que un pulpo en un garaje, pero seguramente, ciega también. CentolloMan doblado perdido por efecto de unas cuantas cervezas y entablando animosa conversación con La Mujer Aislada, que seguía con la mirada perdida, aunque la desviaba de vez en cuando hacia el susodicho individuo por efecto de su exacerbada animosidad. Y, como colofón, el Gaucho Garchador, el ruso y yo como piezas de mobiliario urbano apostado en el garito en cuestión. Así seguimos hasta que nos expulsaron sin miramientos del local, para pena y dolor de muchos y regocijo de otros, puesto que ya no podían mas con semejante situación borrachil.

No sabía, sin embargo, que la perdición no estaba en el antro, sino en el exterior de dicho antro...

Desparramados en la noche, vol. 2

Tras la crítica del Gaucho Garchador a mis vastos e inmensos conocimientos musicales, me reuní de nuevo con la masa, para ser advertido por el Amo del Megaherzio de la presencia del rey de los brasas: Un australiano marbellí que adoraba España y que llevaba del orden de 20 minutos dando la matraca a los congregados en el patio exterior. A través de los ventanales, pude ver a La Mujer Aislada echando espuma por la boca, a FragmentKlander y señora supurando improperios con la vista y al Amo del Megaherzio con su birra y su cigarro ignorándolo sistemáticamente en su inopia nocturna.

No conseguía despertar de esa pesadilla cuando vino un camarero a advertirnos de la ruina que se avecinaba: Hallábase la policía en el exterior del local buscando a un interfecto por dos posibles razones:

a.- Lanzamiento de botellas y conatos de violencia, ó
b.- Sacamiento de su apéndice fálico y posterior juegueteo en el interior del local.

La posibilidad de esta segunda opción me hizo imaginar una situación dantesca, con el salvaje criminal dando mandobles de carne a diestro y siniestro y repartiendo su simiente por las bebidas del local, visión que me espantó particularmente y me hizo huír cual alma que es llevada por el diablo hacia la calle, atisbando cinco coches patrulla apostados cerca de la salida.

Calibrando tamaños y delitos, razoné que el delincuente pénico debería tener al menos 12 metros de carne colocados entre las piernas para justificar que un coche celular lo llevase a él y 3 coches llevasen su pene, así que me decanté por la opción del lanzamiento de botellas, lo cual calmó mi desasosiego.

Me caí del guindo de mis pensamientos al escuchar el broncazo que nos echaba un policía debido a que le impedíamos jipiar al infractor del rabo espantoso, razón por la que huimos vilmente hacia la otra acera para planificar el siguiente paso de la noche. Dicho paso consistía en dejarnos caer por el Jack's un tugurio glamouroso en el cual encajo con calzador (debido a mi estado de bancarrota permanente) pero con estilo (dada mi superior percha). Debatiendo semejante cuestión andábamos cuando llegaron el Amo del Megaherzio, diciéndome que le debía 5$ de la cerveza, y CentolloMan, reclamando, mediante alaridos, el pago de los susodichos 5$ a todo bicho viviente que hablaba español en la acera. Tras calmar los ánimos un poco, rápidamente echamos mano de nuestras rugientes monturas metálicas y nos desplazamos sin demora hacia el antro de la que sería nuestra perdición...

Desparramados en la noche, vol. 1

Viernes. Oscuridad sideral. Tiempo no muy desagradable. Caldo de cultivo para una escapada con motivo de la celebración del aniversario de Van Pollen. Crápulas reunidos en convención social para adorar al rey de reyes crapuloides, el inefable Van Pollen. Entre la crema allí reunida, estábamos el gran Mr. Crápula (o sea, yo), Vallecatres y señora, el Señor DosOstias sin su adorable señora, FragmentKlander y señora, BertoliniMan y señora, El Hombre Piercing y señora, CentolloMan y señora (no, éste venía con El Hombre Tranquilo) la Señorita Mangana, la Mujer Aislada, El Gaucho Garchador y el Amo del Megaherzio, junto con El-Hombre-Buda-Que-Ilumina, poderosa luminaria sibarita.

Encontrábamosnos, además, en el antro de perdición donde CentolloMan dió una magistral lección de baile de pasodobles a una borracha nativa, con lo que la noche prometía. Rápidamente, comenzó a correr el zumo de cebada, deleitando nuestros resecos gaznates y lubricando las cuerdas vocales para lo que empezó siendo una velada inolvidable. Tras ingerir unos cuantos vasos de cerveza, mi ilustre persona fue ilustrada por la Señorita Mangana sobre un viaje que realizó con anterioridad, maravillándome en mi estado etílico de la más increíble vanguardia artístico-órtica de este país. A todo esto, el Amo del Megaherzio se hallaba inhalando cerveza y cigarros a partes iguales, despendolado perdido y de animada cháchara con La Mujer Aislada. Vallecatres hallábase comentando disquisiciones varias con su señora y una amiga, y así más o menos fue transcurriendo la noche.

Sin embargo, algo ocurrió en el cosmos que alteró misteriosamente ese delicado equilibrio instaurado. Una catástrofe etérea que tuvo repercusiones en nuestro peculiar fiestorro. En un momento dado, El Hombre Piercing y yo descubrimos una gramola de nueva generación, la cual, por el módico precio de un dólar, daba la oportunidad de torturar gratuitamente a la afición presente en el bar. Rápidamente acudimos a observar la susodicha máquina, la cual, como ente maligno salido del mismo infierno, nos poseyó con su pantalla. Como abducidos por una fuerza sobrenatural, el Hombre Piercing y yo empezamos a desperdiciar dinero y a seleccionar grandes clásicos de toda la vida, como los Judas Priest, Slipknot, los Kiss ó los Iron Maiden, melodías satánicas que aporrearon los tímpanos de los parroquianos y me provocaron una acidez anal de lo más interesante. Tras una primera aproximación a esta nueva vía de esparcimiento, anidó en nuestras mentes el gen de lo obsceno, de lo bizarro, de lo extraño y estrambótico, y sin pararnos a pensar en las consecuencias, buscamos piezas como la Mayonesa ó el Aserejé. Huelga decir que al encontrarlas, las incluimos sin dudar en la lista, con la esperanza de destruir la escasa cordura del personal.

Tras haber deleitado nuestras caderas con unos contoneos al ritmo de la más infumable pachanga, pude observar cómo transcurría el evento, y presencié horrorizado los ataques reiterados de CentolloMan a un mollete gabacho (sobre lo cual se comentó que jamas habría garchamiento a dicho mollete); cómo El-Hombre-Buda-Que-Ilumina daba conversación a una compañera gabacha del mollete anterior (sobre lo que se concluyó que la poderosa luminaria sibarita estaba en horas bajas y con el gusto perdido); ví a Van Pollen sufriendo los efectos de la cerveza, con la mirada perdida en ensoñaciones de su amigo Margarito. BertoliniMan posaba en medio del caos cual modelo de Dolce&Gabanna, con una cara que no acertaba a descubrir si era por hastío o por deformación castigadora. Mi mente se turbó, masturbó y perturbó simultáneamente, decidiendo retornar a la orgía musical para descubrir que el Gaucho Garchador se hallaba allí mismo con un ruso bastante desgarbado, criticando mis gustos musicales y dejándome por los suelos en mi delirio alcohólico....

14.4.07

Actitudes Morales, vol. 4

En un momento onírico un tanto pesadillesco tras haber sufrido lo innombrable a manos de una cerveza rancia, he decidio levantarme a plasmar una nueva opinión sobre otro de los miembros del cónclave crápula, concretamente, del Señor DosOstias y su adorable esposa. Es curioso que este santo varón me inspira una gran afabilidad junto con un temor insoslayable. Este dios Jano de andar por casa presenta, sin ser falso, dos caras: Por un lado, el osito de peluche en el que se puede confiar y al que se puede achuchar por su orondo y cremoso volumen, pero por otra, veo que es ese juez implacable que es capaz de aniquilar sólo con mirar, que truena más que habla, y que, cual Maciste encolerizado, destruye cordilleras completas sólo con un galletón propinado con su mano. Sin embargo, para controlar a este titán en babuchas, tenemos a su adorable esposa, la Sra. OstiayMedia, también diosa de las dos caras, pero dos caras distintas a su vez: En una faz veo reflejada la dulzura de las nubes, el sedoso y amoroso tacto con el que la brisa del mar acaricia la costa al sol del ocaso; en la otra, la tenacidad de un tractor con motor V10 movido por fuel pesado, el empeño del sabueso rabioso con los ojos inyectados en sangre que persigue a su presa, llevándose por delante a quien haga falta, originando un empuje ante el cual, incluso el Señor DosOstias retrocede espantado a su cordillera anteriormente destruída. Creo que esta pareja son tal para cual, porque si no fuera así, hace tiempo que no habría universo vivo, jur, jur, jur.

Colosus pugnae et amorem juntadorum est.

12.4.07

Actitudes Morales, vol. 3

Torrente de creatividad que me posee, ¡vete! No puedo seguir escribiendo, no lo resisto... Pero la tentación es demasiado fuerte como para dejar fuera al increíble Van Pollen... Van Pollen, rey de reyes, crápula de crápulas, es aquel de quien hemos de tomar nota. Su modo de vida es el que cualquier depravadillo debe seguir: Grandes fiestas, grandes copazos y más desidia aún que Vallecatres. Follador justiciero, su cara es reflejo de miles de mujeres que gozaron sus caricias pénicas, inmisericordes éstas con sus estrecheces. Su actitud es la de aquel iluminado que ha vivido todo lo que quiso vivir, pero que no renuncia a seguir viviendo más. Su apariencia es la del castigador máximo que deja de lado las convenciones sociales rancias para pasarse por la zona inguino-testicular cualquier moda establecida. Su actitud fumando un cigarro es la de aquel que se fuma el mundo con asco, extrae el poco placer que porporciona y luego, lo convierte en humo que se pierde en los insondables abismos de la noche.

No obstante, noto a Van Pollen triste. Triste por su nuevo amigo Margarito, porque en él ha encontrado a gente que lo empequeñecen en categoría crápula. Por supuesto, a costa de toda dignidad, cosa que Van Pollen ha mantenido y mantendrá siempre.

Genio y figura y siempre la pinga dura.

Actitudes Morales, vol. 2

Vaya, en mi delirio alcohólico, he decidido seguir criticando y adulando abiertamente al cónclave crápula, juas, juas. En medio de esta vorágine irrespetuosa y lamentable, me vino a la cabeza el gran BertoliniMan, eminente teórico social y deportivo, luminaria de la cual Valdano copió su sabiduría (aunque no lo ladrillo que es, porque BertoliniMan es mú salao). Nada más verlo, se asoman a mi mente imágenes de mi tierra, con los señoritos jerezanos a caballo (éste va a pie) haciendo poses dignas de un retrato de Julio Romero de Torres. Nada más verme, el tío salao empieza a reírse, con lo cual comienzo a pensar si la afirmación de CentolloMan sobre mi cara de chiste es cierta. Cuando empieza la tertulia crapuliana, sus teorías deportivas me dejan sin habla y sus lamentos por el Madrid y por los Chargers me llegan al alma. Su señora, ante la cual siempre me postro a sus pies, es el ideal complemento para susodicho interfecto, ya que aporta la frescura que el señorito jerezano tiene un poco anquilosada y trocada por cachondeo cada vez que se une al cónclave. Delicadeza hecha crápula, BertoliniMan es un compendio un tanto peculiar, pero por ello mismo, indispensable en el desagüe donde paso mis días y que se llama USA.

Vita tornarum decrepitorum et lamentabilia est.

Actitudes Morales, vol. 1

Observando a nuestro alrededor pueden hallarse peculiares personas humanas, como en todos los sitios del planeta. Pero a mi alrededor se dan cita personas y personajes de lo más interesante. Uno de ellos, evidentemente, es el inefable CentolloMan, de quien hemos tenido gran cantidad de información psicológica a lo largo del tiempo. Otro especimen digno de mención es el gran Vallecatres, el rey del mambo. Dicho interfecto resulta ser el rey de la desidia, desidia que preside sus tertulias y nuestras reuniones crapulianas y que tiene un efecto harto peculiar, cuando, aprovechándose de ella, suelta los más increíbles exabruptos sin inmutarse, cual roca eterna sobre la que descansa el pasotismo clásico. Como ya se encuentra convenientemente grabado en piedra dentro de las frases para la historia, Vallecatres lo dice todo serio, encontrando el dramatismo inherente a toda afirmación, sea una borricada o sea un axioma filosófico, lo cual motiva la jocosidad en quienes lo rodean cuando declama. No obstante, es de resaltar que es propenso a fijaciones obsesivas tras observar escenas traumáticas y dramáticas, como es la pavofilia recalcitrante que arrastra desde que asistimos al estreno de un peliculón de los que destruyen la historia.

Aún así, Vallecatres es un interlocutor loable, que posee teorías políticas de vanguardia y los postulados sexuales más coquetos que se han conocido en esta tierra de vándalos.

Y así va el país....

Ruinorum ambulantem semus

6.4.07

Recordando viejas batallas...

Hoy he tenido una visión del pasado. Una ventana hacia un tiempo pretérito en el que el Dr. Ruina y yo, Mr. Crápula, éramos los reyes de la noche del sur de la piel de toro. En una de estas noches, en las que nos hallábamos acompañados de NuggetJander, aconteció un suceso que me hizo recapacitar sobre lo efímero de nuestra existencia. En un momento de nuestro delirio alcohólico, el Dr. Ruina hubo de acudir al retrete para poder vaciar su ser de toxinas y porquerías varias. Cuéntame el susodicho interfecto que tuvo que entrar en un cubículo con retrete en lugar de usar los meódromos de pared; saliendo de dicho cubículo se hallaba un guiri que, medio borracho, medio cocido, salió gritando improperios y excusándose, pidiendo disculpas. Evidentemente el Dr. Ruina no tuvo ni idea de lo que iba el asunto hasta que entró en el recinto sanitario: Desde el fondo de la taza se hallaba mirándole una masa trúñica blanda y sanguinolenta a la vez, todo ello rociado de un aroma abisal inconcebible en una persona humana. Ante este dantesco paisaje, el Dr. Ruina comprendió porqué el guiri había salido pidiendo disculpas, lamentando su propia existencia y mortificándose por transferir su sufrimiento al siguiente usuario del báter. Al oír semejante historia, no pude por menos que cavilar hondamente sobre dicho padecimiento. Hombre extraño en tierra extraña que en un momento de apreturas, hubo de acudir al WC no para aliviar su penar, sino para romperse internamente y proclamar a los cuatro vientos su desgracia. Almorrana desgarrada por un truculento dolor más allá de cualquier consideración humana ó personal, dolor que deshumaniza tanto al sufridor inicial como a aquel que se hunde en los lodos del tufo atrapado en el sanitario. Orto aniquilado por una eclosión visceral de intestino y mierda a partes iguales que desconcha la porcelana de Roca y castiga el bajante de manera impía. En resumen, infierno escatológico desatado por no saber comer, beber ni cagar adecuadamente.

Tras esta disquisición, reconozco que me sorprendió que el Dr. Ruina pudiera salir de allí por su propio pie, sin tambalearse, y con fuerzas para despotricar despiadadamente del susodicho guiri, víctima de la sociedad pitracosa en que nos movemos. Tras reanudar nuestra charla acerca del nuevo éxito comercial del porno de aquella época, aún tuve tiempo para admirarme de la técnica depilatoria órtica del guiri; si llega a hacerla pública, creo que hundiría a las corporaciones estéticas que depilan de manera definitiva en una sima de mierda que empequeñecería al báter que castigó. Qué locura.

Terapia Depilatoria...

Inexplicablemente hoy ha resurgido el tema de ayer. En mi poderosa mente analítica ha surgido la duda acerca de la indeterminación del destino, ya que parezco predestinado a escribir sobre los mismos temas una y otra vez. A la hora cafetera, como no podía ser de otra forma, surgió el tema capilar, pero esta vez en forma negativa: Léase, depilación y afeitados varios. Todo esto surgió a raíz de las críticas que ha recibido mi grandiosa calva, en la cual empieza a existir ya una considerable cantidad de pelo erecto. En ese momento, la luminaria del conocimiento depilatorio, BertoliniMan, comenzó a excretar sugerencias acerca del modo más adecuado de depilarse la zona inferior del vientre, léase bartola, y sobre los límites a establecer, sobre todo al llegar a la zona púbica. Rápidamente, Vallecatres saltó como un poseso a defender la técnica de la cera, que pretende imponer a la hora de eliminar pelos escrotales. Al oír semejante afrenta contra la delicadeza testicular, mi mente vagó por crueles universos paralelos en los que continuamente había depilaciones forzosas, donde los pelos se arrancaban en potros de tortura mediante bocados de cabra, y donde las calvas se pulían con piedra pómez de manera inmisericorde a los alaridos de los sufrientes. Semejante panorama me dejó en un shock del que salí a tiempo de escuchar cómo cierta persona se depiló el perineo con crema depilatoria, originando un dolor y un escozor solamente comparable al producido por un lavatorio con ácido sulfúrico. De nuevo, me sentí fuera de lugar, y con mis ojos en blanco, prometí que siempre usaría cuchilla, que como máximo, sólo deja cortes....

4.4.07

Terapia Capilar...

Ayer noche decidí romper con mi reciente pasado de melenudo rebelde y cortar de raíz con una época pretérita de enfrentamiento con el poder peludo. Así que, ni corto pero sí perezoso, agarré la maquinilla eléctrica y la pasé reiteradas veces por mi ilustre cabeza, quedándome al final un cráneo de lo más pinturero y pelón. Hoy, por tanto, fui el centro de atención de mi cochino sitio de trabajo, y a la hora del café, surgió una interesante charla acerca del tema greñudo.

Hallábanos los de siempre y en el sitio de siempre (somos personas de hábitos) charlando animadamente sobre cierto viaje al aueropuerto cuando surgió el tópico del que he venido hablando: El transplante de pelo testicular hacia la cabeza, punta de lanza de los pelones involuntarios y piedra angular de su existencia cotidiana.

Inicialmente, se examinó el método, el cual consistía en ir implantando poco a poco mechoncillos de pelo ensortijado en las frentes sobrias y despejadas de los sujetos. Evidentemente, es una vía de actuación de lo más lamentable, sobre todo si se mantienen los hábitos sexuales masturbatorios de una vez al día, ya que lentamente, se ve cómo se pasa de tener un pubis frondoso y con fauna propia a tener una llanura estéril, sin vida y coronada por un falo igualmente imberbe, alzado cual columna marmórea que marcara el fin del mundo. Todo ello, por supuesto, tapizando lentamente la calva de dicha persona humana. Ello me llevó a una serie de cuestiones importante: Cuando se rasque la cabeza, ¿le olerá a dicha persona la mano a pene? ¿Tendrá que lavarse la cabeza con champú anticaspa ó con jabón antiladillas? ¿Dolerán los tirones con el peine como una sacrosanta patada en los testículos? Estos interrogantes me avasallaron en exceso, y hube de cambiar la fuente de los cabellos ensortijados, optando por lo que podría ser una maravilla para el género masculino calvo: Un implante de pelo de vulva fémina, con su fragancia turgente y refrescante. Sin embargo, la situación es, si cabe, más delicada, ya que automáticamente, los receptores del implante andarían rascándose la cabeza a todas las horas, originando llagas y satisfacción a partes iguales. Otro problema añadido resultaría de la uniforme estética de dichos receptores, ya que la raya en el medio de la cabeza sería la norma común.

A punto del colapso, decidí descartar los pelos ensortijados, fuente de todos los problemas capilares, y opté por cabellos lisos, que posibilitarían a sus afortunados poseedores el poder agitar su melena al viento cual modernos Aragorns seductores; al indagar sobre las zonas a elegir para extraer el cabello, quedé hondamente afectado al constatar que los folículos habrían de ser extractos bien de los sobacos, bien de la zona anal-perineal. En ese momento, alcancé a imaginar un héroe de leyenda, con una larga melena ondeando al viento y esparciendo efluvios pestilentes al moverse, inundando los alrededores con un tufo a mierda inaguantable debido a su implante de pelo anal en la cabeza... Menos mal que la conversación volvió de nuevo por los derroteros de siempre, centrándonos en la crítica a un bar en el que las camareras se muestran exhuberantes y casi muestran sus turgentes pechos sin misericordia junto con pitraco selecto.

Calvorum electum semus.

3.4.07

Encuentros Sorprendentes...

Volviendo a mis raíces, hace unos días pude retomar mi más tradicional hábito, mi más inefable seña de autenticidad: Pude pitraquear vilmente durante un interesante período de tiempo, durante el cual, pollos asados desfilaron ante mis fauces, junto con chuletas, alubias, trozos de pizza, tacos, nachos y demás batiburrillo gastronómico. Ni qué decir tiene que acabé harto, saciado, hasta la bandera de comida y con un sueño un tanto acusado. Para mitigar semejante panorama, la parte del cónclave que se atrevió a acudir al susodicho buffet, atendió una llamada de La Mujer Aislada, en la que se nos conminaba a asistir a una fiestecilla de despedida de cierta mujer médica. Evidentemente, acudimos en tropel todos los allí reunidos, léase BertoliniMan y señora, FragmentKlander y señora, CentolloMan, Van Pollen, El Gaucho Garchador y yo, Mr. Crápula. A la llegada a la fiesta, El Gaucho Garchador y yo comenzamos con un ronda de rones caribeños que fue secundada por el increíble Van Pollen, ronda necesaria para poder imbuirnos en un dantesco espectáculo de country tejano del más rancio abolengo. En medio de tamañas miasmas musciales, pude conocer a la que se convirtió en el personaje de la noche sin duda alguna: Lady Nokia. El Gaucho Garchador me la presentó de buenas maneras y de buena fe, aún a sabiendas de la característica más peculiar de dicha señora: Su extremada velocidad de subida de datos verbales a cualquiera que por allí pasara. Cuando comencé un diálogo con ella, me pareció simpática, pero con una ligera tendencia a hablar muy rápido... Ligera tendencia... Al cabo de un rato, quedé perplejo por la inmensa verborrea pendiente de procesar para poder continuar la charla con ella. Yo miraba a BertoliniMan y éste reía y reía sin parar a costa de mi sufrir, de la cara que puse al intentar procesar palabras a una velocidad que superaba con creces mis etílicas capacidades, más degradadas, si cabe, por la ingesta continua de copazos. En un momento dado, me puse a hablar con DoñaJefa (otra nueva adquisición) tratando de relajar mi martilleada y vidriosa mente, mientras Lady Nokia hacía estragos con CentolloMan, el cual, santo varón, supuraba miradas en blanco al infinito del cielo nocturno. Tras unos minutos, no obstante, y en un alarde de valentía y de escasa capacidad de reacción, volví a conversar con la susodicha Lady Nokia, en un intento por esclarecer si eran mis lamentables cualidades como interlocutor medio cocido lo que motivó mi empanada mental previa, o si fue, como medio imaginaba, su torrente declamatorio sin control. Al cabo de dos minutos de estar hablando sobre un teléfono-PDA grotesco, comprendí que, si bien estaba bastante demacrado (mentalmente hablando), era la terrorífica oratoria de Lady Nokia la que consumía lentamente, la que motivaba mi espiral sin fin hacia los negros abismos de la incomunicación... Hube por ello de refugiarme de nuevo en la bebida, como siempre he hecho, motivando finalmente un pensamiento: No soy crápula por convicción, soy un vividor por las circunstancias sociales que me han rodeado siempre... Ayudadas estas últimas por una buena predisposición interior, jur, jur, jur.

No obstante, la grandeza del cónclave crápula reside en la aceptación de todos los individuos, cuando más peculiares, mejor, por lo que desde aquí declaro la caída de DoñaJefa y de Lady Nokia en las redes del grupo, para futuros momentos de buen hacer y cachondeo.

Teología Parda...


La Srta. Crapulilla me hace partícipe de otro exceso religioso, esta vez íntimamente relacionado con la letrina de país que habito desde hace cierto tiempo. De seguir por este camino, en breve tendré que dedicarme a escribir sobre religión, cosa que no me llama mucho la atención, pero en lo que siempre estoy dispuesto a cagarme, al igual que en tantos otros tópicos. Sin embargo, en este caso, he sentido una punzada de nostalgia, un algo interior que, aunque defequé hace un rato, no recordaba desde hacía tiempo. El ver al inigualable Chuck Norris en plan San Pancracio de los USA (como bien me comentó el Dr. Ruina) me trasladó rápidamente a una infancia marcada por películas de Charles Bronson y Bruce Lee. Una infancia en la que forjé mi carácter rebelde y tocahuevos a base de observar cómo esta caterva de vengadores urbanos repartían galletones a diestro y siniestro, arrancaban cabezas a base de cañonazos y se cagaban en estas cabezas como colofón a su faena. Dulce pedagogía que me hizo ser lo que soy a fecha cotidiana, un degenerado violento y pornófilo que se siente orgulloso de tales aficiones. Época dorada en la cual bajaba a la calle y me dedicaba a jugar con el resto de despojos sociales a ser Bruce Lee en Hong Kong pegando pedradas a quien se ponía por delante.... ¿En qué ha quedado esta mísera sociedad, que ha hecho que los niños sean gilipollas perdidos y yo no pueda ir por la calle propinando patadas en los testículos ajenos? Desde aquí llamo a adorar a esos ídolos olvidados que resultaron tan beneficiosos en una era pasada. Desde mi cátedra llamo a descargar, junto al porno, películas de estos mitos homéricos y quiméricos.