Todos los miembros del cónclave quedaron en blanco, incluso El-Hombre-Buda-Que-Ilumina, poderosa luminaria del conocimiento sibarita, el cual interrumpió una conversación mantenida con un mollete autóctono para expresar su asombro ante esa oleada de rencor, resentimiento, odio y maledicencia proferida. Tras una intervención de mi honorable persona, curtida en lides más salvajes aún que esta, las aguas volvieron a su cauce, congratulándose todos y celebrando un festín con un refill recién obtenido de manera gañotil de la camarera. Meditando sobre la tensa situación vivida, creo que podría trabajar como diplomático, juas, juas, juas.
26.2.07
La ira como pecado capital
Todos los miembros del cónclave quedaron en blanco, incluso El-Hombre-Buda-Que-Ilumina, poderosa luminaria del conocimiento sibarita, el cual interrumpió una conversación mantenida con un mollete autóctono para expresar su asombro ante esa oleada de rencor, resentimiento, odio y maledicencia proferida. Tras una intervención de mi honorable persona, curtida en lides más salvajes aún que esta, las aguas volvieron a su cauce, congratulándose todos y celebrando un festín con un refill recién obtenido de manera gañotil de la camarera. Meditando sobre la tensa situación vivida, creo que podría trabajar como diplomático, juas, juas, juas.
18.2.07
Gabinete económico
No obstante, según avanzaba la tarde, el caos numérico iba en aumento, y cada uno de nosotros se estremecía ante la posibilidad de ser deportado sin contemplaciones a la Patagonia meridional por evasión de impuesos y fraude fiscal. Sin embargo, estas inquietudes no eran nada en comparación con el pandemonio reinante en la estancia. Vallecatres estaba acojonado porque le salía a pagar casi lo mismo que ganaba en un año, el Amo del Megaherzio andaba asesorando informáticamente a los parroquianos, mientras que CentolloMan comentaba jocosamente lo que se le escurría de su entrepierna, para regocijo de los presentes, narrando incluso el episodio en que introducía un dedo en agua al acostarse y encontraba a la mañana siguiente el dedo mojado, provocando las máximas exclamaciones de asombro.
A pesar de sus esfuerzos, conforme más se complicaban las altas finanzas, estos comentarios ufanos se tomaban como más ofensivos, y hubo varias propuestas de encerrarle en el balcón con el gatuno que por allí moraba. Afortunadamente para él, esas intentonas golpistas quedaron en agua de borrajas cuando partió con el Sr. DosOstias para buscar pitraco, permitiendo la adquisición de un estado zen en la consecución de nuestros objetivos los cuales no eran sino el trincar lo máximo posible del estado americano y que no nos entrullasen por ello. Así, se continuó elucubrando numéricamente en un estado zen el cual se rompió en el momento en que CentolloMan y el Sr. DosOstias aparecieron por la puerta portando un suculento cargamento de pitraco puerco dispuesto para saciar nuestra ansia por abandonar el sinnúmero de impresos que, cual champiñones en un día de lluvia, hallábanse desparramados por la moqueta poblada de ácaros. Rápidamente, dimos cuenta de todo el alimento traído, sazonado con continuos comentarios de CentolloMan acerca de la economía americana y continuos asentimientos por parte de los presentes. Finalizada la cena, debo decir que bendije el retrete del Sr. DosOstias con otro cargamento de pitraco ya procesado, con lo cual, di por concluida la jornada laboral con una sonrisa entre oreja y oreja.
17.2.07
Pitraco insoportable
Hallándome en los USA, tuve la ocasión de visitar una de las múltiples centrales pitraqueras que pueblan esta geografía. El día que puse mi honorable pie en uno de estos antros, lo hice acompañado de BertoliniMan, su señora y el increíble Van Pollen. Hallábanos todos con la violencia hambrienta a flor de piel y supurando jugos gástricos debido a los efluvios de carne achicharrada y medio descompuesta que emanaban del oscuro rincón humeante y grasiento que llamaban cocina.
Aún con la saliva cayendo por las comisuras y con nuestros estómagos aullando por estar vacíos, el susodicho gólem comenzó a preguntarnos acerca de nuestra procendencia, emitiendo juiciosas opiniones fundamentadas en un vacío de conocimientos tan enorme como su cabeza. Tras comunicarnos sus inútiles pensamientos, nos tomó nota y desapareció, dejándonos absortos con nuestra ansia hambrienta. Sin embargo, no pasaron ni cinco minutos cuando volvió a castigarnos con su sórdida labia y con la ausencia del deseado pitraco, mientras BertoliniMan se desesperaba y Van Pollen dialogaba conmigo acerca de un interfecto con un pene de 40cm que había visto en internet, todo ello regado con los comentarios sobre el Real Madrid que vertía el pesado del coloso.
Acabáronse los nachos, y acto seguido aterrizaron las hamburguesas con patatas rancias, unido semejante menú a, ¡cómo no!, nuestro amigo el gólem, el cual se atrevió a teorizar de nuevo sobre Ronaldo, su bartola y su relación con el AC Milan. BertoliniMan no sabía dónde meterse, Van Pollen engullía presuroso los aritos de cebolla, y la señora de BertoliniMan disfrutaba de su ensalada de gambas y de la galantería del matraca que nos atendía. Durante un rato, nuestro enorme amigo ladrillo no se dignó aparecer por allí, salvo para traer la cuenta y desaparecer, por si acaso descubríamos algún estropicio económico. Creo que el momento de pagar fue el más placentero de la noche, ya que fue lo único que pudimos hacer sin la opinión del Maciste Ladrillo.
Putorum mater colosus ladrillum cagarusque me.
12.2.07
Vil Gestión Económica
En la pseudo cafetería portátil de mi edificio, donde residen/trabajan las dos féminas protagonistas de una entrada anterior, existe la desagradable costumbre de cobrarme 1.25$ por cada café que me tomo, el cual no es más que un pucherete de lo más aguado, insípido y necesitado de azúcar y sacarina a espuertas. No obstante, y como para compensar semejante atropello, existe también una peculiar costumbre: En unos papelitos sabiamente ilustrados con números del 1 al 10, se debe estampar un sello en cada cifra por cada café comprado, permitiendo las reglas de este juego recibir un vaso del líquido manjar gratis al rellenar el susodicho cuponcillo.
Increíblemente, en el país donde cualquier cantamañanas puede comprar un arma automática, la gente es terriblemente confiada, y YO, Mr. Crápula, que provengo de un país donde en los últimos 700 años se ha practicado descarada, impúdica y constantemente la picaresca, he encontrado la manera perfecta de ingerir la porquería de café que me suministran de la manera más gañotil posible. Héme aquí que en un alarde de astucia, cuando la camarera se halla haciendo algún café, mi mano, de manera misteriosa, por supuesto, se desata, y en lugar de poner un sellito, viene a poner 3 o 4 de una tacada. Semejante comportamiento me aterra, puesto que es delictivo, y en un país donde, por menos de nada, puedes acabar vestido de color butano y en el corredor de la muerte, esta desviación me pone en la cuerda floja, aunque a la vez, me resulta estimulante, por la descarga de adrenalina que siento. Cada vez que pongo un sello de más, una sensación cuasi-orgásmica recorre mi médula espinal, haciéndome ver todo de color rojo por la sangre inyectada tanto en mi cerebelo (núcleo de los comportamientos involuntarios) como en mi glande (sensación de estimulación sexual por la secreción de hormonas debida a la excitación) y creo que soy el centro del universo.
Vallecatres dice que soy un cutre por hacer esto; mientras BertoliniMan agita su cabeza dando a entender que soy un caso perdido, el Amo Del Megaherzio se ríe junto con CentolloMan en unas carcajadas que resuenan como lúgubres campanadas en mi atronada mente, haciéndome ver que no es correcto esto que hago, y motivándome a hacerlo de nuevo una y otra vez. Soy un psicópata, y mi mente se halla arrinconada ante esta personalidad maligna que desconocía poseer. Soy una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde pero traspapelado al asunto del café. Si este aberrante modo de vida se mantiene, dentro de poco cometeré un atropello aún mayor: Robar el papel higiénico de los retretes.
A pedibus usque ad cabezum crapulorum semus.
11.2.07
Sorprendentes Hallazgos

Hallábanse parte del Cónclave y parte de la Jet-Set española en los USA en un bar que puede convertirse en el nuevo after-hours de nuestra estancia. En semejante ambiente, me dió tiempo de saborear buena cerveza, de admirar turgentes hembras autóctonas con sus regalos de graduación implantados en sus pechos y de saborear las maravillas culinario-pitracosas de esta letrina que parece un país.
En cierto momento de la noche, hallábame comentando animadamente con FragmentKlander, Vallecatres, CentolloMan y el Amo Del Megaherzio los detalles de cierta competición consistente en lanzar yunques con ira y desprecio, cuando apareció ante nosotros la diosa del baile. La hembra alfa del tugurio. La fémina más sexualmente receptiva de todas las que allí se hallaban. Doy fe de esto último, ya que mientras saboreaba mi perrito caliente, esta mujer se hallaba limpiando el interior de la boca de un individuo con la lengua, lanzándome la estrepitosa pareja los más variados perdigones y salivajos q se les escapaban por las comisuras.
Cuando salimos de nuestro inusitado asombro por la aproximación de semajante ejemplar femenino, notamos que la lugareña intentaba articular un diálogo hacia el grupo, el cual, debido a que estaba ciega de whisky como un piojo, resultaba un tanto ininteligible. En un arrebato filológico, conseguí descifrar su mensaje, en el que se distinguía una petición de baile con alguno del grupo. Ni corto ni perezoso, induje a CentolloMan a que se aprovechase lo más vilmente que pudiera de la situación, que la sacase a bailar y con dicha excusa, viajase por las curvas más sinuosas que asfaltaban la pista de baile, sin perder un solo detalle. Rápidamente, mi compañero crapulón tomó la iniciativa y pudimos admirar la lucha de dos estilos de baile: Por un lado, la pioja intentaba bailar con un estilo altamente convencional, sin pulir, basto, obsceno. Por otro, CentolloMan exhibió un poderío solamente comparable a un profesional de primer nivel, mostrando un dominio de la técnica del pasodoble español envidiable, que lo hacía compatible incluso con la música country que sonaba en aquel momento. Si bien la pioja rubia solamente hacía valer su macizo cuerpo en sus impúdicos contoneos, CentolloMan mantuvo un depurado estilo de baile que hizo palidecer a todos los machos que allí se encontraban y provocó el desgaste de los azulejos de la tarima en que se hallaban. Al finalizar la danza, la interfecta plantó dos besos a mi vividor colega en reconocimiento a su inalcanzable nivel desgastando suela, conminándolo a que la invitara a un copazo. Como buen miembro del cónclave, supo discernir a tiempo lo que era una encerrona, y la evadió, mandando a la susodicha tajarina a tomar el viento fresco de la calle.
Esa noche, CentolloMan triunfó en el paraíso de los castigadores, haciendo historia en los USA. Esa noche, la tajarina rubia supo que existe una élite a la que nunca podrá siquiera aproximarse. Esa noche, me sentí orgulloso de pertenecer a la secta vividora que fundé al llegar aquí.
Nuevas Adquisiciones...
Con lo que no me esperaba encontrar era con otro individuo tan peculiar como yo, hecho que me mostró al indicarme la utilidad de la barba tipo chivo q posee un jugador americano de fútbol. Este tópico surgió al hablar de las incompatibilidades entre las barbas tipo perilla y la práctica de los cunnilinguus. Mi teoría era que en estos casos, se presenta un peligroso efecto velcro entre los vellos de ambas zonas, difuminando de nuevo la delagada línea roja existente entre el dolor y el placer; no obstante, El-Hombre-Buda-Que-Ilumina se reveló como una de las más poderosas luminarias vividoras al establecer que, no sólo el efecto velcro es despreciable, sino que el propósito de la larga barba-chivo es el recordar buenos momentos, al mantener ésta entre su maraña de pelo los aromas feromónicos de tamaña zona femenina y posibilitar (debido a su longitud) el aproximar dichos efluvios a la nariz al flexionar la barba hacia el apéndice nasal. En este momento, descubrí que, a pesar de ser un vividor, aún me queda mucho por aprender y conocer en esta jungla crapuliana en que me hallo. Desde esta tribuna, declaro a El-Hombre-Buda-Que-Ilumina digno miembro del cónclave, amén de conminar a todos sus miembros a rendirle honores. He dicho.
9.2.07
Cafeteando....
Poniéndonos en antecedentes, existen dos camareras en la cafetería portátil de mi edificio: Una que puede tener unos 20-22 años, de muy buen ver, guapa y con mucha mala pipa. La pobre mía no es más lacia porque no puede, y creo que además piensa que está para mojar pan, lo cual es cierto. La otra camarera es más talludita, puede rondar los 30-35 años, está más rellena, tiene una carita guapa y es más simpática. Posiblemente, una serie de frustraciones en su infancia hayan repercutido de la manera adecuada en su modo de ser. Volviendo al tema anterior, la teoría barajada era que, mientras que la maciza se mueve menos en la cama que los ojos de Espinete, la menos guapa es una fornicadora nata, una campeona de la succión pénica que se come los falos como espárragos, es decir, a manojos.
Rápidamente me puse a simular lo que podría ser una noche de pasión con ambas, y pude visualizar en mi clarividencia que la maciza no sabría lo que es un rabo, que se asustaría cuando empezara a crecer y que, tras tocarlo un par de veces con asco e incredulidad, se espantaría cuando escupiese su preciosa carga de fecundidad. En temas de fornicaciones, profeticé que cualquier movimiento en el lecho nupcial sería debido a un calambre en los músculos lumbares o a un afán de salir huyendo de allí por considerar impuro y poco casto el estar ensartada como una brocheta.
Esforzando más mi mente, proyecté mi pensamiento intentando ver la reacción de la menos agraciada, y pude comprobar, asustado, que esta mujer es de las que arrancan la ropa en un movimiento y medio, quedándose el susodicho macho desnudo en un picosegundo mientras ella, con ojos inyectados en sangre, saliva resbalando por la comisura de la boca, pezones erectos y ardiente vulva, se aproxima a la velocidad del sonido hacia el pene de su compañero de alcoba, con objeto de poseerlo, saborearlo y, de un precoz y certero movimiento de succión, introducir la sábana por el orto del hombre en cuestión de la fuerza aplicada en este movimiento. Tras acabar esa parte, cual fiera salvaje en celo, se lanzaría con la vulva en punta de lanza hacia la cara de su semental, para que, anulada la voluntad de éste, la hiciera suya durante los segundos previos a la práctica del coito non-interruptus más largo, feroz, aberrante, placentero, doloroso y desgarrante de toda existencia humana.
Dado que soy un hombre sensible, mis visiones acabaron ahí, ya que no podía soportar tanto libertinaje, lubricidad y espectáculo dantesco, así que me integré de nuevo en la harto interesante conversación que andábamos teniendo en ese momento sobre la cría del berberecho tigre en cautividad. Creo que en mi estancia en los EEUU aprenderé múltiples cosas que me servirán en la vida...diaria, jur, jur, jur.
