20.1.07

Fantasías de Crédito.

En mi periplo por este país de los cojones, esta noche tuve ocasión de presenciar una escena de lo más excitante, a la vez que insólita. En uno de los tres antros de perdición y maldición existentes en las cercanías de mi chabola, al inquirir por una ginebra, hube de pagarla (evidentemente). Semejante acto lo realicé con mi tarjeta de débito, haciendo alarde de poderío económico y de nivel social. La persona a quien cedí mi tarjeta resultó ser una camarera de lo más pinturero, y que, para colmo, hablaba español con un acento marcadamente americano y sexual. Esta camarera, objeto de mis más innombrables instintos bajunamente animales, y poseedora de una coleta a lo Taras Bulba pero menos feo, se encontró sumida de repente en un torbellino de peticiones provenientes de vividores como yo, por lo que hube de esperar como agua de mayo que llegaran mi ginebra y mi tarjeta de crédito. Maldije con amargura a esta sociedad que impulsa a las personas a convertirse en abyectas sombras de lo que pudieron ser, al elegir el camino de la barra del bar para joderme a mí esta noche. En estas cábalas andaba metido cuando me percaté de que la susodicha camarera pinturera llevaba MI tarjeta en SU boca; indescriptible fue la marea de pensamientos, imaginaciones y fantasías que me recorrieron en menos de un microsegundo. Aún no tenía mi ginebra, pero el subidón de hormonas que me produjo la contemplación de esa imagen me trasnportó a un sueño húmedo en el que no existía barra de bar para nadie más que para mí, estando la camarera pinturera totalmente desnuda, y con mi tarjeta de crédito entre sus dientes farfullando lo que podía ser una invitación a ponerla mirando hacia Gibraltar, agarrarla por la coleta y fornicarla sin parar hasta que se agotase el crédito de mi tarjeta. En el momento en que se agotase, reemplazaría en su boca la tarjeta por mi glande para que le metiese más crédito del que ya tiene... Imbuido en ese sueño me hallaba cuando me habló de nuevo con ese acento tan marcadamente americano sexual agradeciéndome la propina que le dejé. Al guardarme la tarjeta, pude comprobar cómo había dejado las huellas de sus dientes en ella, junto con tres pelos ensortijados y restos de sarro... Será guarra la tía... No es muy atractivo, pero como dijo un sabio una vez, "una boca es una boca". Se quedó calvo el tío.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ey putero! Esa última frase me suena de algo! xDDDD

Por cierto, aclarate con lo de la tarjeta, que primero dices que es de débito y después de crédito!

Saludos desde el limbo-crapuliano!
Billero Imperial.