22.6.07

Espiral autodestructiva, vol. 3

Lúgubres tañidos sonaron y resonaron en mis oídos tras sentarme en ese butacón... Pude escuchar cómo PaellaBoy abría confiado a la que sería su perdición en tierra extraña. Si bien VanPollen continuaba haciendo las delicias de los presentes con su colección de música fiestera, parece ser que no eran tales delicias para los habitantes autóctonos del bloque, ya que aquellos a los que PaellaBoy fue a recibir no eran sino una comitiva de la ley y la justicia de los USA. Dada mi condición de guerrero de la noche, permanecí imperturbable en mi poltrona, desafiando impertérrito a los dos oficiales que vinieron a destruir la esencia fiestera de la noche. Sin embargo, cuando pude contemplar a PaellaBoy esposado, cual becerro camino del matadero, pude observar lo grave de la situación: La ruina había llegado al núcleo de nuestra esencia fiestera, había intentado destruirla y lo había conseguido parcialmente, ya que PaellaBoy, en un dechado de arrojo, pidió que le hiciéramos una foto esposado como un mafioso del hampa de los USA.

En ese momento, el alcohol que había estado sedándome continuó haciéndolo, pero al menos, la sonrisa boba del típico borrachín se me quitó de la cara, al ser una situación de vida o muerte. Adicionalmente, VanPollen cesó de culturizar a la barriada con los Chichos, y procedió al recogido más rápido que he visto nunca de un set de DJ, dejando hasta la ebriedad en el camino. Cuando salimos, el aire fresco me aclaró nada la borrachera, pero al sentir una mole ciclópea a mi lado, giré la cabeza y pude ver al maciste que tenía a PaellaBoy retenido contra su libre albedrío, magistral coloso uniformado de negro y con tez de ese mismo color ébano que ejerció su poder inmisericorde con desechos humanos que poco de humanos tenían en ese momento.

Para evitar más represalias, lo que quedó del cónclave se dirigió a los jardines, a la espera de la liberación del prisionero y la huida de los administradores de justicia, ya que, al menos yo, no estábamos en condiciones de conducir. De esta lamentable calificación se salvó CentolloMan, que resistió como un campeón los embites del alcohol.

Más serenos ya, me instalé en casa del recién liberado delincuente como okupa sorpresivo en el sofá, lugar que hube de abandonar variadas veces para reencontrarme con mi interior y sus miedos en la taza del retrete. Evidentemente, esas no serían las últimas veces que practicaría semejante imbuición, ya que a la mañana siguiente, hube de confesarme de nuevo con el señor Roca, agarrándome a la susodicha taza como si fuera el único punto estable al borde de un abismo de negrura etílica.

Recuperados, PaellaBoy me confesó, en la sobriedad adquirida esa misma mañana, que se habría defecado en lo alto si en el momento de ser apresado vilmente hubiera estado consciente, a lo que respondí con una mirada perdida y una inoperatividad de pensamiento de lo más locuela....

Creo que me estoy haciendo viejo para seguir con este tren de vida, pero reconozco que queda muy bien al mirar hacia atrás sin ira, y más a partir de ahora, presumiendo de relaciones con el crimen desorganizado de los USA.....

Colosus ad borrachorum empapelatum facerem, ergo borrachorusque mafiosus pardus est.

Espiral autodestructiva, vol. 2

¡Qué alegría reinaba en la casa, voto a bríos! VanPollen, cual DJ residente hallábase poniendo los últimos éxitos de Las Grecas mientras El Hombre Nécora me acosaba sin tregua, CentolloMan observaba sobrio y el resto de crápulas pegaba botes y se entregaba a la más inicua depravación alcohólica. Eran hijos de la carne y del bebercio, y al susodicho se entregaban sin misericordia, al igual que yo, atrapado en una maldición llamada whisky con zumo de naranja que entraba en mi cuerpo y me poseía sin remisión.

Mi recién afeitada cabeza sudaba cual marranillo al continuar engullendo litros de perdición dulzona, cuando fui testigo del estallido energético de El Hombre Nécora, el cual, poseído por el espíritu pastillero, tuvo 30 segundos de euforia en los que se cayó de una silla para, a continuación, dar una lección de poder al resistir desparramado en el suelo, inconsciente y con el pitillo en la mano durante unos 5 minutos al menos. Al contemplar aquello, mi mente, perdida en una neblina de delirium tremens, permaneció en dicha neblina, pero accionó mi brazo para tomar otro trago de whisky.

En un momento dado, pude escuchar uno de los temas trance que han marcado mi vida, punto de inflexión en el que me desaté, cual gogó del espectáculo y terror de las féminas (literal), para empezar a pegar tumbos por la estancia en un simulacro de danza electro-tech con el consecuente temblor de tierra del carcomido piso de madera y los gritos de descontrol del personal.

Finalizado el tema musical en cuestión, mi poderoso y a la vez lamentable cuerpo comenzó a ejercer su función de lastre de mi podrida mente, ya que, si bien los allí presentes seguían con sus lúbricas danzas y contoneos, mi persona seguía pegando bandazos sin control alguno, solamente guiándome por turbias imágenes curvadas que resultaron ser las paredes de la habitación. Debo decir que El Hombre Nécora, parcialmente recuperado del subidón etanólico, aprovechó la coyuntura para intentar violinarme sin piedad, pero mi cuerpo, funcionando casi como una entidad ajena a mi pensamiento, resistió los embites furiosos de semejante personaje, manteniendo intacta mi virtud y permitiéndome abrir los ojos (que no los ojetes) a la realidad que allí se cocía: Era una jungla lúbrica en la que el débil es garchado y el fuerte también, salvo que sean más avispados que el hambre. Así, en mi agonía túrbida, me arrastré hacia un butacón, en el que permanecí un rato hasta que llamaron a la puerta...

20.6.07

Espiral autodestructiva, vol. 1

No sé hasta dónde llegará la depravación en el cónclave. Cada vez veo más cerca el ojo del vórtice escatológico que me llevará a los más negros e incognoscibles abismos de la degeneración humana. La ruina que han traído aparejada PaellaBoy y El Hombre Nécora, junto con el FlojoFollaculos, está haciendo estragos en este, antaño tranquilo, nuestro entorno.

Sin ir más lejos, hace unos días, PaellaBoy decidió organizar una fiesta de inauguración de la que será su etapa más decadente fuera de su ambiente en la piel de toro. Acudimos en tropel, como no podía ser de otra forma, ya que la perspectiva de pitraco y alcohol de gañote nos cautivó sin miramientos. En llegando a la casa del interfecto, me hallé rodeado de una nutrida representación de los vividores de la más castiza de las tierras allende los mares, osea, España. Simultáneamente, quedé gratamente sorprendido al ver a VanPollen oficiando de pinchadiscos, oficio noble y gurú de la nueva religión hedonista en que nos hallábamos imbuidos.

Como buen estudioso del modo de vida crápula, rápidamente aterricé en la cocina a degustar delicias de Elche y rebanadas de pan mohoso con una mezcla similar a una cataplasma, de color rojizo y que PaellaBoy clamaba que contenía guindilla y atún a partes iguales. Evidentemente, deseché todo tipo de explicaciones (que, por otra parte, no me interesaban) y me lancé a comerlas, regando todo el contubernio con abundante cerveza.

Harto al cabo de un rato de tantísimo zumo de cebada y aburrido de comer el mismo pitraco, propuse a PaellaBoy ir a reponer las vacías reservas de alcohol, acto realizado de la manera más lamentable posible, ya que ambos nos encontrábamos en un estado de cocedura bastante importante.

Tras la odisea que representó llegar al supermercado a las 00:30, nos refrescamos la vista con una suculenta estantería, de la cual arrancamos sin piedad una botella de litro y medio de tequila, otra similar de whisky, una de dos litros de ginebra y un litro más de bourbon. Adicionalmente, PaellaBoy, en un alarde de sibaritismo, arrampló con una botellita de vino castizo, de los viñedos californianos más riojanos que existían. Evidentemente, semejante carga hubo de ser transportada adecuadamente, para lo cual, usufructuamos uno de los carros del súper; el transporte de tamaña carga se realizó de las manera más escandalosa posible, con las botellas entrechocándose entre sí y nosotros dos riéndonos de los exabruptos que salían de nuestras comisuras bucales.

Una vez llegamos a nuestro puerto de origen y después de varar el carrito del súper en el jardín, procedimos a desembarcar con el oro líquido de las Indias, que fue recibido con estupefacción y alegría en la casa...

6.6.07

Pornografía entre especies...

Debo decir que el cónclave va cada vez más en picado. No obstante, y como describí en una entrada anterior, reconozco que disfruto cual marranillo en charca lodosa en estas situaciones. Cierta noche, la mayoría del cónclave se desplazó hacia una zona de la sacrosanta ciudad en que vivo para dar la bienvenida a dos miembros un tanto efímeros, ya que en unos meses volarán de nuevo a mi España natal para continuar sus quehaceres. Dichos miembros son PaellaBoy y El Hombre Nécora, grandes personajes revelados como vividores sin piedad y dignos continuadores del cónclave en la piel de toro.

Con semejantes personajes, entramos en un mejicano a degustar lindezas del cercano país, tales como pitraco con frijoles, arroz con pitraco y pitraco al chili, en un exceso gastronómico que destruyó a partes iguales nuestras papilas gustativas y las úlceras estomacales en potencia, convirtiéndose estas últimas en úlceras en acto.

Tras destruir nuestros estómagos con semejante menú, aterrizamos en un bar muy en consonancia con lo vivido por el gran dios Bukowski: Bareto oscuro, de mierda, con grandes sofás para sentarme a rumiar mis miserias y aires de grandeza de los más vanos.

Saboreando un cocktail, pedido en un intento fútil de despegarme de la faceta de crápula degenerado que tengo, me hallaba cuando la inmensa mayoría del cónclave huyó a lo que pensé que era una peregrinación hacia la playa para deleitarse con la contemplación de un universo que nos convierte en una miseria, pero no era así. A lo que iban mis depravados compañeros de fatigas era, ni más ni menos, a observar el apareamiento de una especie peculiar de pez que realiza la fecundación en plan bukkake, esparciendo simiente por la cabeza de la enterrada hembra. Este descubrimiento me dejó, obviamente, atónito, pero no por el bukkake en sí, sino por la desviación mental de mis pequeños crapulillas, los cuales, encontraron placer en el erotismo entre especies trasnochado. Todo ello estuvo regado por la simpatía de varios chinos inmisericordes y caninos que aprovecharon los descuidos de los peces macho en su afán de fecundar para meterlos al puchero y cocinarlos con pan y cebolla...

Mientras que duraba semejante exhibición sexual, VanPollen, su aneja, PaellaBoy y yo castigábamos nuestros hígados y mentes con conversaciones duras, acerca de la orondez de ciertas hembras humanas que iban provocando instintos aún más bajos que los amorosos, más bien, provenientes del estómago. En ello andábamos cuando regresaron nuestros compañeros bukkakianos, quedándome sorprendido de la satisfacción exhibida tras el lúbrico show presenciado en la playa.... Desde aquí declaro que cada día que paso en esta letrina de ciudad, descubro algo más increíble y retorcido en las mentes del cónclave...

Et follatorum merluzusque ad besugorum observatum est.