Encuéntrome sentado a lomos de mi plateada montura, camino de mi nuevo lugar de correrías crapulescas. Chicharra metálica que cruje y berrea bajo su estructura moderna. Son las 20h hora Chicago y me he tirado todo el santo día en el aire cual pelusa desbaratada y abandonada. Lo último que querría encontrarme es un elemento perturbador de mi sueño. Y lo hallé. Un elemento con forma de niña, niña malparida y malcriada, niña aberrante en su llanto y sufrimiento y, pese a su corta edad, anhelante de hacer partícipe a todo cristo de su histeria. Por mi mente se pasearon arcaicos personajes relacionados con mi estado de ánimo: Torquemada, Robespierre, Landrú, Jack el destripador, etc..., frutos todos ellos del llanto de la cría humana. No obstante, lo que más enfermó mi ánimo fue ver cómo su madre, su sacrosanta madre se entretenía leyendo sensacionalismo barato en idioma americano. Maternidad fallida. Fecundación estéril. Estrógenos malgastados en un embarazo fútil. A todo esto, el padre hallábase tratando de calmar a la mantícora de su hija a base de darle, con desidia, pitraco del más barato, seguro. Me cago en la clase media americana.
10.10.06
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