Ni un copazo tranquilo se puede tomar un vividor como yo. Anoche, acompañado del Dr. Ruina y de CarpaMan, hallábame disfrutando de un tremebundo copazo en la tranquilidad de la noche (evidentemente), cuando cierto especimen guiri maduró y cuajó la genial idea de meterse dentro de un botijo/tinaja gigante adyacente a nuestros cuerpos crapulescos. Valiente premio Nobel de los cojones. Al verlo escalar el botijo, pensé en tirarle el plato de los cacahuetes a la cara, pero al momento fragüé la idea de dejarlo hacer por dos motivos, a saber:
Primero: No iba a lanzarle el alpiste por el consiguiente menoscabo de comida de gañote y deliciosa.
Segundo: Al recordar a los vigilantes del garito, recordé que uno era un Titán moreno con caracoles, y el otro, un Maciste con un brazo como mi pierna. Queda claro, pues, que en una posible intervención de ambos colosos, el susodicho guiri quedaría hecho un nudo cebolludo.
En estas cavilaciones hallábame sumido cuando el interfecto asomaba solamente el cráneo por la abertura del botijo, para regocijo del personal y blasfemias e improperios varios de mis contertulios. Entre esta, nuestra erupción de insultos, surgieron ciertas ideas de lo más apañado; mientras el ceporro guiri estaba introducto en la obra de alfarería, el Dr. Ruina propuso llenar la tinaja con gasolina y arrojar una cerilla encendida dentro, para tener más luz. CarpaMan, en sus enfermizos deseos locuelos, pidió añadir napalm en su interior para divertirnos con estertores incendiarios. Menos mal que yo puse cordura en el ambiente y declaré que mejor llenarla de aguas fecales para que se ahogase en mierda ajena. En esto andábamos cuando el Titán moreno se acercó a la escupidera gigante y llamó educadamente para invitar al pulga de dentro a volver al suelo como los demás mortales. Lástima que no lo pisoteó como a una aceituna cuando lo tuvo a mano, ya que hubiera sido un complemento ideal al copazo. Pan y circo daban los emperadores romanos; prefiero copazo y sopapo al prójimo, me río más.

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