8.8.07

Lubricidad y suciedad...

Al fin lo he encontrado. Yo, iluminado de la ruina, he sido capaz de hallar el sitio donde toda perversión mental se hace material. He bajado a los abismos de la depravación humana, acompañado de elementos tales como El Hombre Nécora, El Flojo Follaculos, CentolloMan e incluso BertoliniMan y señora. No obstante, sobresalió un personaje nuevo por méritos propios: Rompehorses Joe, el más grande (textualmente) vividor autóctono que hallé por estos lares. Semejante grupo (y más que había) aterrizó en el antro más metrallero desde los tiempos de Paco Pil y Chimo Bayo con el solo objetivo de provocar el mayor número de esguinces de tobillo en la pista de baile desde que Michael Jackson, el amigo de los niños, apareciera en escena.

Tras franquear las puertas negras del destino discotequero, aterrizamos en una sala en la que mujeres impúdicas, sucias y depravadas frotaban sus molletes con cualquier cebolleta digna de acercarse a ellos, generando una atmósfera casi irrespirable de lujuria, desenfreno y humedades lúbricas que me hacían estremecer a cada paso que daba. Si bien el ambiente prometía, decidimos movernos, ya que El Flojo Follaculos había restregado su cebolleta adecuadamente y Rompehorses Joe estaba un tanto descolocado. Así, tras atravesar un pasillo que me trajo a la mente imágenes de burdeles turcos llenos de lascivas concubinas, aterrizamos en una sala de techo bajo donde BertoliniMan sedujo implacablemente a su señora marcándose un baile latino que me dejó atónito, por el salero que desplegó y que hizo temblar los cimientos del edificio. En ese momento, me sentí abrumado por tanto derroche de facultades y decidí mudar de pista, encontrándome tras dar dos pasos en una zona alejada de este tiempo, de esta sociedad: Aterricé en una ventana cronotemporal que me condujo a los años ochenta, época de punkarras, de tupés y de música la mar de coqueta. En semejante ambiente, hallábame a mi gusto y solaz, pero la llamada del S. XXI se hizo patente al escuchar a través de los muros de papel de fumar el rítmico e inconfundible matraqueo de una poderosa sesión electro-tecno que me arrastró cual el maëlstrom engulló al capitán Nemo.

Una vez allí, mi mente se nubló y mis ojos se turnaron blancos al sentir los poderosos ritmos que una DJ bastante fornicable pinchaba. Simultáneamente, CentolloMan conquistó un metro cuadrado de pista de baile y lo defendió con uñas y dientes de cualquier intrusión ajena, permaneciendo hierático e impasible ante cualquier envite musical o humano.*

Al centrarme de nuevo, rápidamente pedí un copazo para hundirme en mis negros abismos de perdición, mientras que Rompehorses Joe, El Flojo Follaculos y El Hombre Nécora se diluían entre la multitud dispuestos a capturar molletes y a fornicárselos si llegase el caso. Por mi parte, comencé a pegar botes desatado, sin dejar de cogerle las matrículas a las gogós que por allí danzaban, todo ello acompañado de Vallecatres haciendo de las suyas con la cámara de fotos y del resto del cónclave en un estado de desate tal que al recordarlo, se me erizan los vellos perineales...

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* Nota del autor: Tras un escarceo por la piel de toro, el inefable Dr. Ruina me sugirió rebautizar a CentolloMan como MadelMan o GeyperMan, ya que arguyó, en su delirio crápula, que el increíble CentolloMan tenía, al igual que esos clásicos muñecos, tres puntos de movimiento en la pista de baile.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Desde las Islas Afortunadas apoyamos INCONDICIONALMENTE el nuevo nombre de GeyperMan. He dicho