... Evidentemente, semejantes señales sólo podían augurar lo peor... Y sucedió cuando El Flojo Follaculos se acercó a un mollete maduro pero de muy buen ver que por allí pululaba. Pude ser testigo de los intentos desesperados de semejante personaje por meter su lengua en la cavidad bucal de la interfecta, eso sí, junto con intentos de meter otra cosa en otros orificios. En la soledad de la multitud, ambas personas humanas se magrearon, palparon impúdicamente sus carnes e intercambiaron miradas libidinosas y húmedas, tan húmedas como las intenciones de cierto integrante del cónclave con la Srta. Mangana. Mi podrida mente remontó el vuelo para imaginar lo que podría ocurrir en caso de que el mollete puretil cediese al empuje del Flojo Follaculos: Embites sexuales en las paredes del cuarto de baño; salpicaduras indelebles en los espejos de los retretes; imborrables manchas en las tapicerías de la sala... En resumen, todo lo que pudiera ser protagonizado por fluidos corporales en un festival del dolor y del placer, indisolublemente unidos para siempre en semejante connubio.
Tras concluir la sesión electro-tecno que anduvimos disfrutando, mi sorpresa fue mayúscula al oír de labios de aquel que llevó la iniciativa, que la puretilla deseaba ser fornicada mientras su esposo los contemplaba lúbricamente. Ante semejante revelación, puse rápidamente mi capacidad imaginativa a rodar, pudiendo entrever que, si bien esa sería la intención primera, el resultado final sería que ella observaría cómo su esposo sodomizaba a placer al inefable Flojo Follaculos, quedando dicha escena grabada en los anales de la historia. Intentando evadirme, volví mi mirada hacia otra región del cónclave, para descubrir cómo la Srta. Mangana amenazaba al gran CentolloMan con mandarlo de regreso a casa de un guantazo propinado con ira y rabia, a la vez que se despojaba de sus manos violentamente... Mi mente quedó entonces obnubilada y presa del pánico, sobre todo cuando, tras andar buitreando inmisericordemente a cuanto mollete pasaba cerca suya, Rompehorses Joe clamó al cielo por no poder fornicarse a una bella mujer casada que le suplicó placer y castigo a partes iguales.
En blanco ya, me dediqué a observar suciamente a toda mujer que por allí deambulaba, acompañado de los gritos e imprecaciones del Flojo Follaculos hacia ellas, hasta el punto de la noche en que llegó la furgoneta que, cual caballo blanco, habría de llevarnos a casa... Punto en que Rompehorses Joe apareción con una pareja de extraños (extraño y extraña, concretamente) que introdujo en el vehículo para llevarlos a su perdición. En ese momento decidí apagar mi cabeza y elevar mis plegarias hacia cualquier dios que me oyese para poder aterrizar en mi montura metálica sano y salvo.
Días a posteriori, pude saber que Rompehorses Joe sólo consiguió deglutir la lengua de la individua aquella, que El Flojo Follaculos se ganó la enemistad de sus caseros al dejar la casa cual charca de marranillos, que CentolloMan y El Hombre Nécora durmieron plácidamente esa noche y que yo pude relajar mi pobre osamenta en mi colchón... Los días se hacen cada vez más difíciles para poder mantener mi cordura... Pero otros lo llevan peor, jejeje....
Tras concluir la sesión electro-tecno que anduvimos disfrutando, mi sorpresa fue mayúscula al oír de labios de aquel que llevó la iniciativa, que la puretilla deseaba ser fornicada mientras su esposo los contemplaba lúbricamente. Ante semejante revelación, puse rápidamente mi capacidad imaginativa a rodar, pudiendo entrever que, si bien esa sería la intención primera, el resultado final sería que ella observaría cómo su esposo sodomizaba a placer al inefable Flojo Follaculos, quedando dicha escena grabada en los anales de la historia. Intentando evadirme, volví mi mirada hacia otra región del cónclave, para descubrir cómo la Srta. Mangana amenazaba al gran CentolloMan con mandarlo de regreso a casa de un guantazo propinado con ira y rabia, a la vez que se despojaba de sus manos violentamente... Mi mente quedó entonces obnubilada y presa del pánico, sobre todo cuando, tras andar buitreando inmisericordemente a cuanto mollete pasaba cerca suya, Rompehorses Joe clamó al cielo por no poder fornicarse a una bella mujer casada que le suplicó placer y castigo a partes iguales.
En blanco ya, me dediqué a observar suciamente a toda mujer que por allí deambulaba, acompañado de los gritos e imprecaciones del Flojo Follaculos hacia ellas, hasta el punto de la noche en que llegó la furgoneta que, cual caballo blanco, habría de llevarnos a casa... Punto en que Rompehorses Joe apareción con una pareja de extraños (extraño y extraña, concretamente) que introdujo en el vehículo para llevarlos a su perdición. En ese momento decidí apagar mi cabeza y elevar mis plegarias hacia cualquier dios que me oyese para poder aterrizar en mi montura metálica sano y salvo.
Días a posteriori, pude saber que Rompehorses Joe sólo consiguió deglutir la lengua de la individua aquella, que El Flojo Follaculos se ganó la enemistad de sus caseros al dejar la casa cual charca de marranillos, que CentolloMan y El Hombre Nécora durmieron plácidamente esa noche y que yo pude relajar mi pobre osamenta en mi colchón... Los días se hacen cada vez más difíciles para poder mantener mi cordura... Pero otros lo llevan peor, jejeje....

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