Debo decir que el cónclave va cada vez más en picado. No obstante, y como describí en una entrada anterior, reconozco que disfruto cual marranillo en charca lodosa en estas situaciones. Cierta noche, la mayoría del cónclave se desplazó hacia una zona de la sacrosanta ciudad en que vivo para dar la bienvenida a dos miembros un tanto efímeros, ya que en unos meses volarán de nuevo a mi España natal para continuar sus quehaceres. Dichos miembros son PaellaBoy y El Hombre Nécora, grandes personajes revelados como vividores sin piedad y dignos continuadores del cónclave en la piel de toro.
Con semejantes personajes, entramos en un mejicano a degustar lindezas del cercano país, tales como pitraco con frijoles, arroz con pitraco y pitraco al chili, en un exceso gastronómico que destruyó a partes iguales nuestras papilas gustativas y las úlceras estomacales en potencia, convirtiéndose estas últimas en úlceras en acto.
Tras destruir nuestros estómagos con semejante menú, aterrizamos en un bar muy en consonancia con lo vivido por el gran dios Bukowski: Bareto oscuro, de mierda, con grandes sofás para sentarme a rumiar mis miserias y aires de grandeza de los más vanos.
Saboreando un cocktail, pedido en un intento fútil de despegarme de la faceta de crápula degenerado que tengo, me hallaba cuando la inmensa mayoría del cónclave huyó a lo que pensé que era una peregrinación hacia la playa para deleitarse con la contemplación de un universo que nos convierte en una miseria, pero no era así. A lo que iban mis depravados compañeros de fatigas era, ni más ni menos, a observar el apareamiento de una especie peculiar de pez que realiza la fecundación en plan bukkake, esparciendo simiente por la cabeza de la enterrada hembra. Este descubrimiento me dejó, obviamente, atónito, pero no por el bukkake en sí, sino por la desviación mental de mis pequeños crapulillas, los cuales, encontraron placer en el erotismo entre especies trasnochado. Todo ello estuvo regado por la simpatía de varios chinos inmisericordes y caninos que aprovecharon los descuidos de los peces macho en su afán de fecundar para meterlos al puchero y cocinarlos con pan y cebolla...
Mientras que duraba semejante exhibición sexual, VanPollen, su aneja, PaellaBoy y yo castigábamos nuestros hígados y mentes con conversaciones duras, acerca de la orondez de ciertas hembras humanas que iban provocando instintos aún más bajos que los amorosos, más bien, provenientes del estómago. En ello andábamos cuando regresaron nuestros compañeros bukkakianos, quedándome sorprendido de la satisfacción exhibida tras el lúbrico show presenciado en la playa.... Desde aquí declaro que cada día que paso en esta letrina de ciudad, descubro algo más increíble y retorcido en las mentes del cónclave...
Et follatorum merluzusque ad besugorum observatum est.
Con semejantes personajes, entramos en un mejicano a degustar lindezas del cercano país, tales como pitraco con frijoles, arroz con pitraco y pitraco al chili, en un exceso gastronómico que destruyó a partes iguales nuestras papilas gustativas y las úlceras estomacales en potencia, convirtiéndose estas últimas en úlceras en acto.
Tras destruir nuestros estómagos con semejante menú, aterrizamos en un bar muy en consonancia con lo vivido por el gran dios Bukowski: Bareto oscuro, de mierda, con grandes sofás para sentarme a rumiar mis miserias y aires de grandeza de los más vanos.
Saboreando un cocktail, pedido en un intento fútil de despegarme de la faceta de crápula degenerado que tengo, me hallaba cuando la inmensa mayoría del cónclave huyó a lo que pensé que era una peregrinación hacia la playa para deleitarse con la contemplación de un universo que nos convierte en una miseria, pero no era así. A lo que iban mis depravados compañeros de fatigas era, ni más ni menos, a observar el apareamiento de una especie peculiar de pez que realiza la fecundación en plan bukkake, esparciendo simiente por la cabeza de la enterrada hembra. Este descubrimiento me dejó, obviamente, atónito, pero no por el bukkake en sí, sino por la desviación mental de mis pequeños crapulillas, los cuales, encontraron placer en el erotismo entre especies trasnochado. Todo ello estuvo regado por la simpatía de varios chinos inmisericordes y caninos que aprovecharon los descuidos de los peces macho en su afán de fecundar para meterlos al puchero y cocinarlos con pan y cebolla...
Mientras que duraba semejante exhibición sexual, VanPollen, su aneja, PaellaBoy y yo castigábamos nuestros hígados y mentes con conversaciones duras, acerca de la orondez de ciertas hembras humanas que iban provocando instintos aún más bajos que los amorosos, más bien, provenientes del estómago. En ello andábamos cuando regresaron nuestros compañeros bukkakianos, quedándome sorprendido de la satisfacción exhibida tras el lúbrico show presenciado en la playa.... Desde aquí declaro que cada día que paso en esta letrina de ciudad, descubro algo más increíble y retorcido en las mentes del cónclave...
Et follatorum merluzusque ad besugorum observatum est.

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