Lúgubres tañidos sonaron y resonaron en mis oídos tras sentarme en ese butacón... Pude escuchar cómo PaellaBoy abría confiado a la que sería su perdición en tierra extraña. Si bien VanPollen continuaba haciendo las delicias de los presentes con su colección de música fiestera, parece ser que no eran tales delicias para los habitantes autóctonos del bloque, ya que aquellos a los que PaellaBoy fue a recibir no eran sino una comitiva de la ley y la justicia de los USA. Dada mi condición de guerrero de la noche, permanecí imperturbable en mi poltrona, desafiando impertérrito a los dos oficiales que vinieron a destruir la esencia fiestera de la noche. Sin embargo, cuando pude contemplar a PaellaBoy esposado, cual becerro camino del matadero, pude observar lo grave de la situación: La ruina había llegado al núcleo de nuestra esencia fiestera, había intentado destruirla y lo había conseguido parcialmente, ya que PaellaBoy, en un dechado de arrojo, pidió que le hiciéramos una foto esposado como un mafioso del hampa de los USA.
En ese momento, el alcohol que había estado sedándome continuó haciéndolo, pero al menos, la sonrisa boba del típico borrachín se me quitó de la cara, al ser una situación de vida o muerte. Adicionalmente, VanPollen cesó de culturizar a la barriada con los Chichos, y procedió al recogido más rápido que he visto nunca de un set de DJ, dejando hasta la ebriedad en el camino. Cuando salimos, el aire fresco me aclaró nada la borrachera, pero al sentir una mole ciclópea a mi lado, giré la cabeza y pude ver al maciste que tenía a PaellaBoy retenido contra su libre albedrío, magistral coloso uniformado de negro y con tez de ese mismo color ébano que ejerció su poder inmisericorde con desechos humanos que poco de humanos tenían en ese momento.
Para evitar más represalias, lo que quedó del cónclave se dirigió a los jardines, a la espera de la liberación del prisionero y la huida de los administradores de justicia, ya que, al menos yo, no estábamos en condiciones de conducir. De esta lamentable calificación se salvó CentolloMan, que resistió como un campeón los embites del alcohol.
Más serenos ya, me instalé en casa del recién liberado delincuente como okupa sorpresivo en el sofá, lugar que hube de abandonar variadas veces para reencontrarme con mi interior y sus miedos en la taza del retrete. Evidentemente, esas no serían las últimas veces que practicaría semejante imbuición, ya que a la mañana siguiente, hube de confesarme de nuevo con el señor Roca, agarrándome a la susodicha taza como si fuera el único punto estable al borde de un abismo de negrura etílica.
Recuperados, PaellaBoy me confesó, en la sobriedad adquirida esa misma mañana, que se habría defecado en lo alto si en el momento de ser apresado vilmente hubiera estado consciente, a lo que respondí con una mirada perdida y una inoperatividad de pensamiento de lo más locuela....
Creo que me estoy haciendo viejo para seguir con este tren de vida, pero reconozco que queda muy bien al mirar hacia atrás sin ira, y más a partir de ahora, presumiendo de relaciones con el crimen desorganizado de los USA.....
Colosus ad borrachorum empapelatum facerem, ergo borrachorusque mafiosus pardus est.
En ese momento, el alcohol que había estado sedándome continuó haciéndolo, pero al menos, la sonrisa boba del típico borrachín se me quitó de la cara, al ser una situación de vida o muerte. Adicionalmente, VanPollen cesó de culturizar a la barriada con los Chichos, y procedió al recogido más rápido que he visto nunca de un set de DJ, dejando hasta la ebriedad en el camino. Cuando salimos, el aire fresco me aclaró nada la borrachera, pero al sentir una mole ciclópea a mi lado, giré la cabeza y pude ver al maciste que tenía a PaellaBoy retenido contra su libre albedrío, magistral coloso uniformado de negro y con tez de ese mismo color ébano que ejerció su poder inmisericorde con desechos humanos que poco de humanos tenían en ese momento.
Para evitar más represalias, lo que quedó del cónclave se dirigió a los jardines, a la espera de la liberación del prisionero y la huida de los administradores de justicia, ya que, al menos yo, no estábamos en condiciones de conducir. De esta lamentable calificación se salvó CentolloMan, que resistió como un campeón los embites del alcohol.
Más serenos ya, me instalé en casa del recién liberado delincuente como okupa sorpresivo en el sofá, lugar que hube de abandonar variadas veces para reencontrarme con mi interior y sus miedos en la taza del retrete. Evidentemente, esas no serían las últimas veces que practicaría semejante imbuición, ya que a la mañana siguiente, hube de confesarme de nuevo con el señor Roca, agarrándome a la susodicha taza como si fuera el único punto estable al borde de un abismo de negrura etílica.
Recuperados, PaellaBoy me confesó, en la sobriedad adquirida esa misma mañana, que se habría defecado en lo alto si en el momento de ser apresado vilmente hubiera estado consciente, a lo que respondí con una mirada perdida y una inoperatividad de pensamiento de lo más locuela....
Creo que me estoy haciendo viejo para seguir con este tren de vida, pero reconozco que queda muy bien al mirar hacia atrás sin ira, y más a partir de ahora, presumiendo de relaciones con el crimen desorganizado de los USA.....
Colosus ad borrachorum empapelatum facerem, ergo borrachorusque mafiosus pardus est.

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