En un corto periplo por la ciudad de mis pesadillas, comprobé hasta dónde puede llegar el pavor del ser humano al contemplar la ira de un semejante. En una reunión crapuliana, hallábamosnos los de siempre hablando de los temas de siempre, cuando en un momento dado, sentí el aullido del terror a escasos centímetros de mí. Un frío glacial me recorrió la médula espinal y dejó mis sentidos calcinados por el estremecimiento que sufrí sin proponérmelo. En un arrebato de furia incontrolada, CentolloMan arremetió verbalmente contra el Amo del Megaherzio convirtiendo todo lo que a su alrededor se hallaba en eriales mentales y estériles cubatas incapaces de proporcionar el placer para el que fueron servidos. En semejante estallido de ira reprimida, CentolloMan expresó el más viejo conjuro del ser humano para canalizar su desesperación: Encontrábase hasta los testículos de que el Amo del Megaherzio criticase despiadadamente su afición por los rellenos de refresco en los vasos de plástico allí ofrecidos. Afición respetable, pero execrable también, ante la cual, el susodicho Amo del Megaherzio encontró campo llano para masacrar las aspiraciones de CentolloMan de gorronear en el paraíso del capitalismo. Con lo que no contaba era con la furibunda respuesta de este último, que hizo que el Amo hubiera de realizar una imbuición anal para evitar la acometida salvaje y animal de nuestro crapulón colega.
Todos los miembros del cónclave quedaron en blanco, incluso El-Hombre-Buda-Que-Ilumina, poderosa luminaria del conocimiento sibarita, el cual interrumpió una conversación mantenida con un mollete autóctono para expresar su asombro ante esa oleada de rencor, resentimiento, odio y maledicencia proferida. Tras una intervención de mi honorable persona, curtida en lides más salvajes aún que esta, las aguas volvieron a su cauce, congratulándose todos y celebrando un festín con un refill recién obtenido de manera gañotil de la camarera. Meditando sobre la tensa situación vivida, creo que podría trabajar como diplomático, juas, juas, juas.
Todos los miembros del cónclave quedaron en blanco, incluso El-Hombre-Buda-Que-Ilumina, poderosa luminaria del conocimiento sibarita, el cual interrumpió una conversación mantenida con un mollete autóctono para expresar su asombro ante esa oleada de rencor, resentimiento, odio y maledicencia proferida. Tras una intervención de mi honorable persona, curtida en lides más salvajes aún que esta, las aguas volvieron a su cauce, congratulándose todos y celebrando un festín con un refill recién obtenido de manera gañotil de la camarera. Meditando sobre la tensa situación vivida, creo que podría trabajar como diplomático, juas, juas, juas.

1 comentario:
Detecto cierto exceso de testosterona en ese conclave crapula... deberiais pensar en eso de las pajas comunitarias o las felaciones de amistad... como dijo aquel filosofo... "Una boca es una boca..."
Saludos from the other side of the charco,
Billero Imperial.
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