17.2.07

Pitraco insoportable

Hallándome en los USA, tuve la ocasión de visitar una de las múltiples centrales pitraqueras que pueblan esta geografía. El día que puse mi honorable pie en uno de estos antros, lo hice acompañado de BertoliniMan, su señora y el increíble Van Pollen. Hallábanos todos con la violencia hambrienta a flor de piel y supurando jugos gástricos debido a los efluvios de carne achicharrada y medio descompuesta que emanaban del oscuro rincón humeante y grasiento que llamaban cocina.

Criticando programas culturales televisivos estábamos cuando aparecieron dos personajes dignos del freak-show de más rancio abolengo: Un interfecto calvo cual batracio, a cargo del suministro líquido, y un Maciste ciclópeo de lo más pintoresco, el cual observaba la correcta distribución del pitraco. Dicho Maciste se aproximó a nuestra mesa para sorprendernos con una galantería inusitada hacia la señora de BertoliniMan, detalle que la cautivó inesperadamente, y nos mostró una faceta que nos resultó agradable. No obstante, y a pesar de nuestra buena predisposición, cambiamos rápidamente la opinión al descubrir horrorizados que el antaño caballero ciclópeo se había transformado en un paliza colosal, el paradigma de la matraca, el emperador de los brasas y señor de los ladrillos.

Aún con la saliva cayendo por las comisuras y con nuestros estómagos aullando por estar vacíos, el susodicho gólem comenzó a preguntarnos acerca de nuestra procendencia, emitiendo juiciosas opiniones fundamentadas en un vacío de conocimientos tan enorme como su cabeza. Tras comunicarnos sus inútiles pensamientos, nos tomó nota y desapareció, dejándonos absortos con nuestra ansia hambrienta. Sin embargo, no pasaron ni cinco minutos cuando volvió a castigarnos con su sórdida labia y con la ausencia del deseado pitraco, mientras BertoliniMan se desesperaba y Van Pollen dialogaba conmigo acerca de un interfecto con un pene de 40cm que había visto en internet, todo ello regado con los comentarios sobre el Real Madrid que vertía el pesado del coloso.

Mi desesperación aumentaba exponencialmente al comprobar que entre coñazo y coñazo del camarero, no aparecía la comida. Sin embargo, cuando mi ser menos lo esperaba, aterrizaron unos nachos pitracosos que habrían hecho las delicias del personal si no hubiera sido por la traicionera y silenciosa aparición del Maciste para comentar que España era un país genial si no fuera por la pobreza reinante, teoría sociológica que me dejó con las patas colgando y sin poder articular palabra, amén de que tenía los carrillos llenos de queso. Cuando vió que no le hacíamos caso, huyó hacia la cocina, momento en que nos centramos en los nachos y en la charla acerca del Mandingo de Van Pollen.

Acabáronse los nachos, y acto seguido aterrizaron las hamburguesas con patatas rancias, unido semejante menú a, ¡cómo no!, nuestro amigo el gólem, el cual se atrevió a teorizar de nuevo sobre Ronaldo, su bartola y su relación con el AC Milan. BertoliniMan no sabía dónde meterse, Van Pollen engullía presuroso los aritos de cebolla, y la señora de BertoliniMan disfrutaba de su ensalada de gambas y de la galantería del matraca que nos atendía. Durante un rato, nuestro enorme amigo ladrillo no se dignó aparecer por allí, salvo para traer la cuenta y desaparecer, por si acaso descubríamos algún estropicio económico. Creo que el momento de pagar fue el más placentero de la noche, ya que fue lo único que pudimos hacer sin la opinión del Maciste Ladrillo.

Putorum mater colosus ladrillum cagarusque me.

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