
En estos momentos en los que mi mente aún presenta algo de lucidez entre tanto alcohol y pitraco, he de recordar una aventura en la que el inefable CentolloMan se convirtió en el centro del universo castigador.
Hallábanse parte del Cónclave y parte de la Jet-Set española en los USA en un bar que puede convertirse en el nuevo after-hours de nuestra estancia. En semejante ambiente, me dió tiempo de saborear buena cerveza, de admirar turgentes hembras autóctonas con sus regalos de graduación implantados en sus pechos y de saborear las maravillas culinario-pitracosas de esta letrina que parece un país.
En cierto momento de la noche, hallábame comentando animadamente con FragmentKlander, Vallecatres, CentolloMan y el Amo Del Megaherzio los detalles de cierta competición consistente en lanzar yunques con ira y desprecio, cuando apareció ante nosotros la diosa del baile. La hembra alfa del tugurio. La fémina más sexualmente receptiva de todas las que allí se hallaban. Doy fe de esto último, ya que mientras saboreaba mi perrito caliente, esta mujer se hallaba limpiando el interior de la boca de un individuo con la lengua, lanzándome la estrepitosa pareja los más variados perdigones y salivajos q se les escapaban por las comisuras.
Cuando salimos de nuestro inusitado asombro por la aproximación de semajante ejemplar femenino, notamos que la lugareña intentaba articular un diálogo hacia el grupo, el cual, debido a que estaba ciega de whisky como un piojo, resultaba un tanto ininteligible. En un arrebato filológico, conseguí descifrar su mensaje, en el que se distinguía una petición de baile con alguno del grupo. Ni corto ni perezoso, induje a CentolloMan a que se aprovechase lo más vilmente que pudiera de la situación, que la sacase a bailar y con dicha excusa, viajase por las curvas más sinuosas que asfaltaban la pista de baile, sin perder un solo detalle. Rápidamente, mi compañero crapulón tomó la iniciativa y pudimos admirar la lucha de dos estilos de baile: Por un lado, la pioja intentaba bailar con un estilo altamente convencional, sin pulir, basto, obsceno. Por otro, CentolloMan exhibió un poderío solamente comparable a un profesional de primer nivel, mostrando un dominio de la técnica del pasodoble español envidiable, que lo hacía compatible incluso con la música country que sonaba en aquel momento. Si bien la pioja rubia solamente hacía valer su macizo cuerpo en sus impúdicos contoneos, CentolloMan mantuvo un depurado estilo de baile que hizo palidecer a todos los machos que allí se encontraban y provocó el desgaste de los azulejos de la tarima en que se hallaban. Al finalizar la danza, la interfecta plantó dos besos a mi vividor colega en reconocimiento a su inalcanzable nivel desgastando suela, conminándolo a que la invitara a un copazo. Como buen miembro del cónclave, supo discernir a tiempo lo que era una encerrona, y la evadió, mandando a la susodicha tajarina a tomar el viento fresco de la calle.
Esa noche, CentolloMan triunfó en el paraíso de los castigadores, haciendo historia en los USA. Esa noche, la tajarina rubia supo que existe una élite a la que nunca podrá siquiera aproximarse. Esa noche, me sentí orgulloso de pertenecer a la secta vividora que fundé al llegar aquí.
Hallábanse parte del Cónclave y parte de la Jet-Set española en los USA en un bar que puede convertirse en el nuevo after-hours de nuestra estancia. En semejante ambiente, me dió tiempo de saborear buena cerveza, de admirar turgentes hembras autóctonas con sus regalos de graduación implantados en sus pechos y de saborear las maravillas culinario-pitracosas de esta letrina que parece un país.
En cierto momento de la noche, hallábame comentando animadamente con FragmentKlander, Vallecatres, CentolloMan y el Amo Del Megaherzio los detalles de cierta competición consistente en lanzar yunques con ira y desprecio, cuando apareció ante nosotros la diosa del baile. La hembra alfa del tugurio. La fémina más sexualmente receptiva de todas las que allí se hallaban. Doy fe de esto último, ya que mientras saboreaba mi perrito caliente, esta mujer se hallaba limpiando el interior de la boca de un individuo con la lengua, lanzándome la estrepitosa pareja los más variados perdigones y salivajos q se les escapaban por las comisuras.
Cuando salimos de nuestro inusitado asombro por la aproximación de semajante ejemplar femenino, notamos que la lugareña intentaba articular un diálogo hacia el grupo, el cual, debido a que estaba ciega de whisky como un piojo, resultaba un tanto ininteligible. En un arrebato filológico, conseguí descifrar su mensaje, en el que se distinguía una petición de baile con alguno del grupo. Ni corto ni perezoso, induje a CentolloMan a que se aprovechase lo más vilmente que pudiera de la situación, que la sacase a bailar y con dicha excusa, viajase por las curvas más sinuosas que asfaltaban la pista de baile, sin perder un solo detalle. Rápidamente, mi compañero crapulón tomó la iniciativa y pudimos admirar la lucha de dos estilos de baile: Por un lado, la pioja intentaba bailar con un estilo altamente convencional, sin pulir, basto, obsceno. Por otro, CentolloMan exhibió un poderío solamente comparable a un profesional de primer nivel, mostrando un dominio de la técnica del pasodoble español envidiable, que lo hacía compatible incluso con la música country que sonaba en aquel momento. Si bien la pioja rubia solamente hacía valer su macizo cuerpo en sus impúdicos contoneos, CentolloMan mantuvo un depurado estilo de baile que hizo palidecer a todos los machos que allí se encontraban y provocó el desgaste de los azulejos de la tarima en que se hallaban. Al finalizar la danza, la interfecta plantó dos besos a mi vividor colega en reconocimiento a su inalcanzable nivel desgastando suela, conminándolo a que la invitara a un copazo. Como buen miembro del cónclave, supo discernir a tiempo lo que era una encerrona, y la evadió, mandando a la susodicha tajarina a tomar el viento fresco de la calle.
Esa noche, CentolloMan triunfó en el paraíso de los castigadores, haciendo historia en los USA. Esa noche, la tajarina rubia supo que existe una élite a la que nunca podrá siquiera aproximarse. Esa noche, me sentí orgulloso de pertenecer a la secta vividora que fundé al llegar aquí.

1 comentario:
Desde aquí quiero felicitar a ese tal "CentolloMan". Desde luego hizo gala de un temple y un estilo castigador que no muchos poseen.
También quiero, si me lo permite, darle un pequeño consejo ante situaciones similares a la ocurrida en ese antro...
Como
Dr. Ruina que soy, fundador y propietario de la técnica de la "O". Le insto a que se instruya en dicha técnica, consistente básicamente en esperar el momento oportuno en que la perra de turno pronuncie la vocal "O", para sacarle las muelas del juicio a cipotazo limpio!
Cordiales saludos desde CharroLand...
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