18.2.07

Gabinete económico

Esta tarde, al acabar el ingrato trabajo que me aliena, hube de comenzar con otra tarea aún menos grata: Rellenar la declaración de impuestos de USA. Para ello, el cónclave crápula se reunió en casa del Sr. DosOstias y su adorable señora, armados de un despliegue tecnológico que para sí lo quisieran los gobiernos de más de una república bananera, a saber: Varios portátiles, una PDA, cinco teléfonos móviles, una calculadora, un tonel de cerveza, patatas fritas y aceitunas españolas, todo ello aderezado con canapeses de paté de marranete ibérico y con la buena voluntad de todos los presentes.

No obstante, según avanzaba la tarde, el caos numérico iba en aumento, y cada uno de nosotros se estremecía ante la posibilidad de ser deportado sin contemplaciones a la Patagonia meridional por evasión de impuesos y fraude fiscal. Sin embargo, estas inquietudes no eran nada en comparación con el pandemonio reinante en la estancia. Vallecatres estaba acojonado porque le salía a pagar casi lo mismo que ganaba en un año, el Amo del Megaherzio andaba asesorando informáticamente a los parroquianos, mientras que CentolloMan comentaba jocosamente lo que se le escurría de su entrepierna, para regocijo de los presentes, narrando incluso el episodio en que introducía un dedo en agua al acostarse y encontraba a la mañana siguiente el dedo mojado, provocando las máximas exclamaciones de asombro.

A pesar de sus esfuerzos, conforme más se complicaban las altas finanzas, estos comentarios ufanos se tomaban como más ofensivos, y hubo varias propuestas de encerrarle en el balcón con el gatuno que por allí moraba. Afortunadamente para él, esas intentonas golpistas quedaron en agua de borrajas cuando partió con el Sr. DosOstias para buscar pitraco, permitiendo la adquisición de un estado zen en la consecución de nuestros objetivos los cuales no eran sino el trincar lo máximo posible del estado americano y que no nos entrullasen por ello. Así, se continuó elucubrando numéricamente en un estado zen el cual se rompió en el momento en que CentolloMan y el Sr. DosOstias aparecieron por la puerta portando un suculento cargamento de pitraco puerco dispuesto para saciar nuestra ansia por abandonar el sinnúmero de impresos que, cual champiñones en un día de lluvia, hallábanse desparramados por la moqueta poblada de ácaros. Rápidamente, dimos cuenta de todo el alimento traído, sazonado con continuos comentarios de CentolloMan acerca de la economía americana y continuos asentimientos por parte de los presentes. Finalizada la cena, debo decir que bendije el retrete del Sr. DosOstias con otro cargamento de pitraco ya procesado, con lo cual, di por concluida la jornada laboral con una sonrisa entre oreja y oreja.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Aqui DosOstias:¿Que como que mi moqueta esta llena de acaros...? Que te enteres que la limpio con todo mi cariño, pervertido.