27.3.07

Anhelos epistemológicos

Hoy he tomado un café con Vallecatres en un garito con un ambiente de recogimiento muy agradable. Se veían varios molletes con portátil, entablando la única relación capaz de establecerse en este país de mierda, a distancia; entre el marasmo de gente aislada y navegando entre la mierda de internet, coexistían pacíficos entes humanos que leían libros o apuntes, y así hallábame escrutando la extensión del antro con la mirada cuando mis ojos se posaron en el más grande ejemplar del globo terráqueo del bar: Un bohemio. Un puto bohemio. El ideal de todos los ideales filosóficos. En ese momento, tuve una revelación. En ese momento quise ser un ser como él, subir al cielo del conocimiento. Deseé en ese momento el llevar sus sandalias abiertas con los calcetines mugrientos de color negro asomando por las aberturas. Anhelé llevar una bufanda como la que llevaba, comida de mierda y enrollada hasta más no poder en el cuello. Su barba de tres días, escasa y molesta a la vista es el paradigma de la rebelión contra el sistema que nos oprime y asfixia nuestra imaginación. El pantalón del chándal que llevaba, más lleno de mierda que la bufanda, si cabe, me provocó instantáneas eyaculaciones mentales que originaron increíbles orgasmos psicológicos de los que aún me estoy recuperando. En ese momento, me miré y reconocí que soy un mierda (aunque ya lo había hecho antes), que solamente viendo porno y masturbándome en sueños de whisky no llegaré a ningún lado. Si no, basta con ver la ruina que fue mi luminaria literaria, el gran Bukowski.

En ese momento, comprendí mi vacuidad y, como ente vacío, me dediqué a pegarle un chupetón al café que tenía delante, mientras Vallecatres me deleitaba con una interesante reflexión sobre la teoría de la reproducción asistida del boquerón pantera australiano. Manda cojones la cantidad de soplagaitas que viven en este país. De nuevo, me cago en todos ellos. He hablado.

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