En el epicentro del terremoto que sacude mi descoyuntado universo (es decir, la ciudad en que resido) aconteció la otra noche que el cónclave crápula decidió por mayoría abrumadora migrar a uno de los centros de ocio con más demanda que existen en este país: Una bolera, núcleo de la profesión ciega de fe hacia una vida vacía; epítome de la competitividad que, desde que son unos mierdas, les inculcan en sus grasientos cerebros, y sumidero de pecunios económicos. Evidentemente YO, como ilustre vividor, debía conocer la estructura de semejante antro de perdición, aunque aquí, los términos antro y perdición son un exceso. En fin, que tras perder de vista 15$, penetré en las intimidades del local, descubriendo sorprendido, una gran cantidad de pipiolos enfrascados en ese ritual absurdo de tirar formas fálicas mediante el tiro de una forma testicular con agujeros que no son sino reminiscencias vaginales.
Cuando tomamos posesión de las pistas de bolos que disfrutaríamos durante unas cuantas horas, no imaginé la clase de tortura que supondrían para mi inefable persona los interminable minutos que habría de pasar en ellas...
Comencé yo (no podía ser de otra manera) con un estilo inconfundible, impecable e igualmente, inútil, ya que no tiré ni una sola de las formas fálicas que me amenazaban desde el fondo de la pista. Vallecatres se reveló como el lanzador desidioso por antonomasia, consiguiendo increíbles puntuaciones de manera totalmente indiferente y castigadora. El Amo del Megaherzio hizo gala de una terrorífica técnica depurada y efectiva, obteniendo un bagaje de puntuaciones escalofriante, pero fue CentolloMan quien fue el auténtico campeón de la noche, empleando una bola altamente pesada, con trayectorias estables y rectilíneas que desembocaban en un caos de falos de madera desparramados por el suelo de la pista.
Viendo el futuro que me aguardaba, me dediqué a depurar mi estilo, consiguiendo a cambio, punzadas en el hombro, un dedo pulgar como un pene de grande y unos mareos por culpa del esfuerzo que YO, vividor entre vividores, hube de realizar. Según avanzaba la noche, el ambiente empezó a caldearse más a nivel alcohólico, pudiendo ver en un momento dado a Vallecatres bebiendo a gañote de una jarra de cerveza, su señora esposa con una sonrisa nerviosa por culpa del alcohol, a La Mujer Aislada compitiendo con mi lamentable persona por derribar falos de madera en medio de un delirio cervecero, y al Capitán Trinchaculos con los ojos vidriosos por culpa del zumo de cebada.
Sentí cómo la realidad se convulsionaba alrededor de mí, mientras cerraban la bolera y nos dedicábamos a lanzar alocadamente bolas cargadas de todo nuestro odio y frustración contra los bolos, cómo sin haber bebido nada, me hallaba en un éxtasis similar al de todo el grupo, derribando formas fálicas ciego de cansancio, mientras CentolloMan miraba con ojos de triunfador, El-Hombre-Buda-Que-Ilumina se reía de manera continua y La Mujer Aislada intentaba escapar de allí. Cuando se serenó un poco el ambiente, me escurrí vilmente hacia mi flamante montura metálico-chicharril y salí de allí escopeteado por el miedo a quedar atrapado en aquel sitio de perdición mental.
Este país actúa como un cepo que me atrapa cual gazapillo inocente y saca lo peor de mi negra alma. Ainsss....
Cuando tomamos posesión de las pistas de bolos que disfrutaríamos durante unas cuantas horas, no imaginé la clase de tortura que supondrían para mi inefable persona los interminable minutos que habría de pasar en ellas...
Comencé yo (no podía ser de otra manera) con un estilo inconfundible, impecable e igualmente, inútil, ya que no tiré ni una sola de las formas fálicas que me amenazaban desde el fondo de la pista. Vallecatres se reveló como el lanzador desidioso por antonomasia, consiguiendo increíbles puntuaciones de manera totalmente indiferente y castigadora. El Amo del Megaherzio hizo gala de una terrorífica técnica depurada y efectiva, obteniendo un bagaje de puntuaciones escalofriante, pero fue CentolloMan quien fue el auténtico campeón de la noche, empleando una bola altamente pesada, con trayectorias estables y rectilíneas que desembocaban en un caos de falos de madera desparramados por el suelo de la pista.
Viendo el futuro que me aguardaba, me dediqué a depurar mi estilo, consiguiendo a cambio, punzadas en el hombro, un dedo pulgar como un pene de grande y unos mareos por culpa del esfuerzo que YO, vividor entre vividores, hube de realizar. Según avanzaba la noche, el ambiente empezó a caldearse más a nivel alcohólico, pudiendo ver en un momento dado a Vallecatres bebiendo a gañote de una jarra de cerveza, su señora esposa con una sonrisa nerviosa por culpa del alcohol, a La Mujer Aislada compitiendo con mi lamentable persona por derribar falos de madera en medio de un delirio cervecero, y al Capitán Trinchaculos con los ojos vidriosos por culpa del zumo de cebada.
Sentí cómo la realidad se convulsionaba alrededor de mí, mientras cerraban la bolera y nos dedicábamos a lanzar alocadamente bolas cargadas de todo nuestro odio y frustración contra los bolos, cómo sin haber bebido nada, me hallaba en un éxtasis similar al de todo el grupo, derribando formas fálicas ciego de cansancio, mientras CentolloMan miraba con ojos de triunfador, El-Hombre-Buda-Que-Ilumina se reía de manera continua y La Mujer Aislada intentaba escapar de allí. Cuando se serenó un poco el ambiente, me escurrí vilmente hacia mi flamante montura metálico-chicharril y salí de allí escopeteado por el miedo a quedar atrapado en aquel sitio de perdición mental.
Este país actúa como un cepo que me atrapa cual gazapillo inocente y saca lo peor de mi negra alma. Ainsss....

No hay comentarios.:
Publicar un comentario