5.3.07

A la sombra de una sombrilla, con pitraco y fiesta...


A veces, uno se encuentra las maravillas más incalculables sin buscarlas a lo largo de su tortuosa vida, y eso es, precisamente, lo que me ha ocurrido hoy. Este domingo me levanté con los jugos gástricos en pie de guerra por ser el día de organización de una barbacoa en honor de la despedida de una compañera aneja al cónclave crápula, pero no tan degradada como los susodichos. Es por ello que a pesar de mi pesar, mi hambre hambrienta pudo más, y me levanté jocosamente para acudir a dicho evento.

Tras recoger a mi compañero de aventuras CentolloMan, y meterle prisa a Vallecatres y al Amo del Megaherzio, desembarcamos cual valkirias en el parque cargados de viandas, bebidas y muchos ánimos para tragar. Rápidamente, se encendieron los fuegos del averno para preparar las salchichas infernales, junto con hamburguesas demoníacas y chuletillas monstruosas. Entre bocata y refresco transcurría la tarde, cuando aconteció un suceso que cambió el rumbo de la fiesta: Andaba yo con la mirada perdida cuando sorprendí a Vallecatres tomando un chuletón (del tamaño de media vaca) como prisionero. En ese preciso instante, la gente se disipó, el cielo se tornó rojo y sentí cómo pulsaba el torrente de mi sangre en mis venas al reclamar el alma del filetón. Pareciendo que adivinara mis pensamientos, Vallecatres me invitó a compartir semejante pieza de carne, ofrecimiento que acepté de sumo gusto mediante mi veloz movimiento hacia su lado con un plato en la diestra, cubiertos en la siniestra y babas en la comisura de los labios.

Cuando tuve la oportunidad de saborear nuestra presa, descubrí la clase de sibarita que estaba hecho Vallecatres: Haciendo gala de un conocimiento supremo, mimó la carne en las llamas del infierno, tostando su exterior pero dejando un sanguinolento interior sumamente apetecible, todo ello, acompañado de excelentes efluvios vacunos que incitaban al pecado. No obstante,cuando ya tuve que quitarme el sombrero y proclamar a los cuatro vientos la virtud sibarita de Vallecatres, fue cuando llegó el turno de los postres. En ese instante, presencié la orgía de sabores más indescriptible de toda la tarde: Tras servirme varias cucharadas de helado de café, VK procedió a realizar una amalgama junto con un bizcocho de chocolate allí presente que deleitó mis papilas gustativas hasta unos niveles máximos. Sin embargo, no contento con ello, realizó una operación similar con un helado de frambuesa y el mismo bizcocho, colapsando mis centros receptores de las fragancias gastronómicas.

Cuando acabó semejante festín, me levanté como buenamente pude, satisfechas mis necesidades pitraqueras y colmado mi ánimo tras comprobar que en el mundo de los USA existen grandes sibaritas gastronómico-pitraqueros, aunque hayan tenido que venir importados de fuera de esta letrina de país.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Desde aqui quisiera decir que soy un fanatico de las aventuras de centolloman. Seria fantastico tener un apartado privado de sus aventuras en tan lejana e inhospita tierra. Teneis camisetas como de un Calico electronico se tratase?