
Hace unos días, recibí de manos de la Srta. Crapulilla la imagen que exhibo impúdicamente en este espacio. Cierto terrorista iconofílico anejo a la susodicha Srta., ha creado esta pieza de imaginería cotidiana que haría palidecer al mismo H. P. Lovecraft. En dicha escultura, se representa lo que yo entiendo como un dios fornicador desaforado, sin miramientos, que sodomiza al momento las almas que le llegan. Parece ser también un dios de una región soleada, porque no se explicaría si no, el sombrerete con túnica adherida. Lo que me choca es el curioso grafismo inscrito en el referido sombrerete, con ciertas analogías con el dios cristiano, lo cual puede ser una manera de relacionar la divinidad con lo terrenal. Ahora bien, el elemento más representativo de todos los hallados en la figura no es otro que el alargado báculo que porta la figura, símbolo de la tetralogía que ostenta. Con dos piernas, corre por los firmamentos; con su báculo, bendice cada punto que toca, y con su falo, se lo fornica sin pensárselo. Esta es la clase de divinidades que precisamos: Dioses que preconicen la fornicación, la masturbación, el goce sexual de cualquier tipo. La pornografía sería su vehículo de predicación y penetración, tanto mental como anal. En esta pornocracia, las masas serían felices, en su concubinato lícito, necesario y placentero. La economía apoyaría cualquier demanda social de porno, alcohol y drogas, retransmitiendo vía internet películas X de todo corte y/o apariencia. Se acabaron las épocas de políticos corruptos y de religiones opresivas; este ídolo sexual nos curará a todos. Ya no se adorará al becerro de oro ni a los dioses invisibles, sino al diosecillo con falo de barro, que nos proporcionó la mejor sociedad de todas las épocas: La pornocrática. Creo que me presentaré para presidente en breve, me están entrando ganas...
2 comentarios:
Oh malditos, os he visto surgir desde tiempos inmemoriables. He temido que volvierais a salir de vuestros inmundos agujeros, vomitando vicio y depravacion, mancillando virgenes inmaculadas, pervirtiendo todo tipo de orificios con alcohol, saliva y lefa.
Y ahora, en el climax de vuestra desverguenza, creais ese idolo. Amasijo deforme de deprabacion y religiones impuras. Se que budistas hay entre vosotros, tambien catrequistas y polloneros protestantes se mezclan entre vuestras huestes. Pero sabed, que por muchos herzios que controleis, nunca difundireis vuestro vacio pornomensaje, las hondas estan a mi lado. La COPE es mi escudo de virtud, la palabra verdadera, ja, ja, ja, ja, jaaaaaaa
Heme aqui, para detendener vuestro nauseabundo avance. Juro por nuestra senhora de los castrados que este cancer sera exterminado y que no esparcereis vuestros viscosos fluidos. Ni ese tal centolloman, adalid de la destruccion de lo sacro, ni el infimo poder de ese quien se hace llamar Mr Crapula seran capaces de determe. Todos sereis condenados y sentenciados a una vida de eunucos. Y cantareis, cantareis con vuestras vocedillas agudas. Cantareis con lagrimas de arrepentimiento. Cantareis postrados de rodillas y cegados por la luz que todo lo ilumina, por el brillo de la abstinencia...
Carta de Simon el Castrador a los crapulianos.
Capitulo 3, versiculo 24. Libro de la virtud.
Desde éste, mi oscuro y negro escaño de la corrupción, he escuchado cómo, tú, Simón el Castrador, lanzas tu mensaje de pureza mental y castidad de pensamiento. He tenido que sufrir tu blasfemia sobre el nuevo dios pornócrata que regirá los destinos de esta desgarrada humanidad. Debo mancillar mi blog con tu diatriba pro-afornicación, pero he mirado en tu sucia alma a través de las líneas que me dedicas, para comprobar que no eres sino otro depravado mental como yo, pero tú te escudas en una rancia moral filosófico-Losantiana, propagada por ondas de radio malditas que habré de execrar públicamente si osáis enfrentaros a la sociedad que respalda mi forma de pensar. Tú, Simón el Castrador, preconizas el rebanamiento de los lobanillos de grandes defensores vividores-crapulianos, en un derroche de violencia sexo-testicular; yo profetizo desde esta torre de marfil que acabarás uniéndote a este grupo de desviados de tu recta virtud para convertirte en mi acólito más recalcitrante, porque tu esencia es idéntica a la del cónclave crápula. Acabarás tus días usurpando virginidades de todo tipo y color, desgarrando orificios peludos o sin pelo, y beberás los jugos alcohólicos del triunfo en cuerno de oro cual dios menor reconciliado con su olimpo particular. Acepta tu destino y únete a mi causa, Simón el Castrador, o sufre el eterno castigo de la sodomización inmisericorde en el infierno Mandingo.
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