3.4.07

Teología Parda...


La Srta. Crapulilla me hace partícipe de otro exceso religioso, esta vez íntimamente relacionado con la letrina de país que habito desde hace cierto tiempo. De seguir por este camino, en breve tendré que dedicarme a escribir sobre religión, cosa que no me llama mucho la atención, pero en lo que siempre estoy dispuesto a cagarme, al igual que en tantos otros tópicos. Sin embargo, en este caso, he sentido una punzada de nostalgia, un algo interior que, aunque defequé hace un rato, no recordaba desde hacía tiempo. El ver al inigualable Chuck Norris en plan San Pancracio de los USA (como bien me comentó el Dr. Ruina) me trasladó rápidamente a una infancia marcada por películas de Charles Bronson y Bruce Lee. Una infancia en la que forjé mi carácter rebelde y tocahuevos a base de observar cómo esta caterva de vengadores urbanos repartían galletones a diestro y siniestro, arrancaban cabezas a base de cañonazos y se cagaban en estas cabezas como colofón a su faena. Dulce pedagogía que me hizo ser lo que soy a fecha cotidiana, un degenerado violento y pornófilo que se siente orgulloso de tales aficiones. Época dorada en la cual bajaba a la calle y me dedicaba a jugar con el resto de despojos sociales a ser Bruce Lee en Hong Kong pegando pedradas a quien se ponía por delante.... ¿En qué ha quedado esta mísera sociedad, que ha hecho que los niños sean gilipollas perdidos y yo no pueda ir por la calle propinando patadas en los testículos ajenos? Desde aquí llamo a adorar a esos ídolos olvidados que resultaron tan beneficiosos en una era pasada. Desde mi cátedra llamo a descargar, junto al porno, películas de estos mitos homéricos y quiméricos.

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