Tras la crítica del Gaucho Garchador a mis vastos e inmensos conocimientos musicales, me reuní de nuevo con la masa, para ser advertido por el Amo del Megaherzio de la presencia del rey de los brasas: Un australiano marbellí que adoraba España y que llevaba del orden de 20 minutos dando la matraca a los congregados en el patio exterior. A través de los ventanales, pude ver a La Mujer Aislada echando espuma por la boca, a FragmentKlander y señora supurando improperios con la vista y al Amo del Megaherzio con su birra y su cigarro ignorándolo sistemáticamente en su inopia nocturna.
No conseguía despertar de esa pesadilla cuando vino un camarero a advertirnos de la ruina que se avecinaba: Hallábase la policía en el exterior del local buscando a un interfecto por dos posibles razones:
a.- Lanzamiento de botellas y conatos de violencia, ó
b.- Sacamiento de su apéndice fálico y posterior juegueteo en el interior del local.
La posibilidad de esta segunda opción me hizo imaginar una situación dantesca, con el salvaje criminal dando mandobles de carne a diestro y siniestro y repartiendo su simiente por las bebidas del local, visión que me espantó particularmente y me hizo huír cual alma que es llevada por el diablo hacia la calle, atisbando cinco coches patrulla apostados cerca de la salida.
Calibrando tamaños y delitos, razoné que el delincuente pénico debería tener al menos 12 metros de carne colocados entre las piernas para justificar que un coche celular lo llevase a él y 3 coches llevasen su pene, así que me decanté por la opción del lanzamiento de botellas, lo cual calmó mi desasosiego.
Me caí del guindo de mis pensamientos al escuchar el broncazo que nos echaba un policía debido a que le impedíamos jipiar al infractor del rabo espantoso, razón por la que huimos vilmente hacia la otra acera para planificar el siguiente paso de la noche. Dicho paso consistía en dejarnos caer por el Jack's un tugurio glamouroso en el cual encajo con calzador (debido a mi estado de bancarrota permanente) pero con estilo (dada mi superior percha). Debatiendo semejante cuestión andábamos cuando llegaron el Amo del Megaherzio, diciéndome que le debía 5$ de la cerveza, y CentolloMan, reclamando, mediante alaridos, el pago de los susodichos 5$ a todo bicho viviente que hablaba español en la acera. Tras calmar los ánimos un poco, rápidamente echamos mano de nuestras rugientes monturas metálicas y nos desplazamos sin demora hacia el antro de la que sería nuestra perdición...
No conseguía despertar de esa pesadilla cuando vino un camarero a advertirnos de la ruina que se avecinaba: Hallábase la policía en el exterior del local buscando a un interfecto por dos posibles razones:
a.- Lanzamiento de botellas y conatos de violencia, ó
b.- Sacamiento de su apéndice fálico y posterior juegueteo en el interior del local.
La posibilidad de esta segunda opción me hizo imaginar una situación dantesca, con el salvaje criminal dando mandobles de carne a diestro y siniestro y repartiendo su simiente por las bebidas del local, visión que me espantó particularmente y me hizo huír cual alma que es llevada por el diablo hacia la calle, atisbando cinco coches patrulla apostados cerca de la salida.
Calibrando tamaños y delitos, razoné que el delincuente pénico debería tener al menos 12 metros de carne colocados entre las piernas para justificar que un coche celular lo llevase a él y 3 coches llevasen su pene, así que me decanté por la opción del lanzamiento de botellas, lo cual calmó mi desasosiego.
Me caí del guindo de mis pensamientos al escuchar el broncazo que nos echaba un policía debido a que le impedíamos jipiar al infractor del rabo espantoso, razón por la que huimos vilmente hacia la otra acera para planificar el siguiente paso de la noche. Dicho paso consistía en dejarnos caer por el Jack's un tugurio glamouroso en el cual encajo con calzador (debido a mi estado de bancarrota permanente) pero con estilo (dada mi superior percha). Debatiendo semejante cuestión andábamos cuando llegaron el Amo del Megaherzio, diciéndome que le debía 5$ de la cerveza, y CentolloMan, reclamando, mediante alaridos, el pago de los susodichos 5$ a todo bicho viviente que hablaba español en la acera. Tras calmar los ánimos un poco, rápidamente echamos mano de nuestras rugientes monturas metálicas y nos desplazamos sin demora hacia el antro de la que sería nuestra perdición...

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