6.4.07

Recordando viejas batallas...

Hoy he tenido una visión del pasado. Una ventana hacia un tiempo pretérito en el que el Dr. Ruina y yo, Mr. Crápula, éramos los reyes de la noche del sur de la piel de toro. En una de estas noches, en las que nos hallábamos acompañados de NuggetJander, aconteció un suceso que me hizo recapacitar sobre lo efímero de nuestra existencia. En un momento de nuestro delirio alcohólico, el Dr. Ruina hubo de acudir al retrete para poder vaciar su ser de toxinas y porquerías varias. Cuéntame el susodicho interfecto que tuvo que entrar en un cubículo con retrete en lugar de usar los meódromos de pared; saliendo de dicho cubículo se hallaba un guiri que, medio borracho, medio cocido, salió gritando improperios y excusándose, pidiendo disculpas. Evidentemente el Dr. Ruina no tuvo ni idea de lo que iba el asunto hasta que entró en el recinto sanitario: Desde el fondo de la taza se hallaba mirándole una masa trúñica blanda y sanguinolenta a la vez, todo ello rociado de un aroma abisal inconcebible en una persona humana. Ante este dantesco paisaje, el Dr. Ruina comprendió porqué el guiri había salido pidiendo disculpas, lamentando su propia existencia y mortificándose por transferir su sufrimiento al siguiente usuario del báter. Al oír semejante historia, no pude por menos que cavilar hondamente sobre dicho padecimiento. Hombre extraño en tierra extraña que en un momento de apreturas, hubo de acudir al WC no para aliviar su penar, sino para romperse internamente y proclamar a los cuatro vientos su desgracia. Almorrana desgarrada por un truculento dolor más allá de cualquier consideración humana ó personal, dolor que deshumaniza tanto al sufridor inicial como a aquel que se hunde en los lodos del tufo atrapado en el sanitario. Orto aniquilado por una eclosión visceral de intestino y mierda a partes iguales que desconcha la porcelana de Roca y castiga el bajante de manera impía. En resumen, infierno escatológico desatado por no saber comer, beber ni cagar adecuadamente.

Tras esta disquisición, reconozco que me sorprendió que el Dr. Ruina pudiera salir de allí por su propio pie, sin tambalearse, y con fuerzas para despotricar despiadadamente del susodicho guiri, víctima de la sociedad pitracosa en que nos movemos. Tras reanudar nuestra charla acerca del nuevo éxito comercial del porno de aquella época, aún tuve tiempo para admirarme de la técnica depilatoria órtica del guiri; si llega a hacerla pública, creo que hundiría a las corporaciones estéticas que depilan de manera definitiva en una sima de mierda que empequeñecería al báter que castigó. Qué locura.

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