24.4.07

Desparramados en la noche, vol. 4

Al cruzar el umbral de la puerta hacia la fría calle, descubrí dónde se inician las relaciones sociales y sexuales en este cochino pais: En la acera del local del que te echan despiadadamente. El grupo, originariamente una piña, se disgregó en dos subgrupos y una pareja de interfectos. El primero, constituido por el Amo, Centollo, ValleK y La Mujer. El otro, por Van Pollen (o lo que de él quedaba), la Señorita Mangana, FragmentKlander y sra, la poderosa luminaria y los dos molletes gabachos. Como nexo de unión, yo, y como pareja de interfectos, el Gaucho Garchador y el ruso.

En el grupillo del Amo del Megaherzio se podían escuchar conversaciones sobre nacionalidades españolas y sobre las teorías de CentolloMan sobre el encogimiento del cerebro de los canarios en invierno. Apesadumbrado por el elevado nivel intelectual presente, derivé hacia el otro grupo, para escuchar cómo se jaleaba sin recato a una pareja que allí andaba deglutiéndose las lenguas en las escaleras del antro. Tras conminar al chaval a meterle la lengua hasta el intestino a su companera y presenciar su huida, espantados de los degenerados españoles presentes, comenzaron a surgir unos piropos de Van Pollen hacia la sra. de FragmentKlander. Dichos piropos, producto de una enajenación alcohólica espeluznante, fueron subiendo de tono, pero Van Pollen siempre mantuvo la dignidad, acentuando el estado civil de la señora y puntualizando que si no estuviera casada, arderían Roma, Troya y hasta Persia si se ponía farruca. Sin poder dar crédito a lo que veía, me retiré un poco para ver cómo dos increíbles y espectaculares molletes autóctonos se acercaban a Van Pollen para pedirle tabaco, a lo cual, nuestro inefable protagonista respondió con una muestra de castigo mental que desarmó a ambas individuas y motivó a El-Hombre-Buda a que entablase conversación con ellas. Cuando se fueron, abrumadas sin duda por el elevado nivel del tremebundo Buda, éste se acercó a un taxi que paró, dándole plática al conductor y convenciéndome de que el estado general del cónclave era más que lamentable.

Andaba a punto de hacerme unas trenzas en las venas (decidí no cortármelas, sino dejármelas largas) cuando fui testigo de varias cosas centradas en un mismo acto: Cuando Van Pollen se sacó la chorra al aire y comenzó a miccionar en la puerta del bar, comprendí que este santo varón se hallaba en la cima del mundo, orinando en suelo americano en público, despreciando todo tipo de normas y convenciones sociales rancias y dejando claro quién era el amo indiscutible de la noche. La otra vertiente es que FragmentKlander se dedicó a tirarle unas cuantas fotos con el cayetano al fresco, teniendo su venganza servida tras el acoso y derribo al que sometió Van Pollen a su señora.

Después de haber sufrido las iras de los alcoholes etílicos, decidimos por consenso global retirarnos a nuestros aposentos, para lo cual invoqué a mi montura chicharril para que nos llevara rauda y veloz hacia la casa de Van Pollen, momento en el que presencié el último y más penoso freak-show de la noche, al comprobar cómo la dignidad de Van Pollen cedió al empuje de su torrente alcohólico, originando una caminata desde mi máquina hasta su casa protagonizada por un sinnúmero de tropezones y tumbos que intentaron derribar al más grande vividor que haya pisado los USA en toda la historia (con la salvedad del dios Bukowski).

Como dijo un sabio, esto es más grande que el día del señó.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Querido Mr. Crapula
El motivo de mi minuscula misiva electronica es pedirle, incluso suplicarle, que nos siga manteniendo al tanto de las aventuras que acahece por aquellos lares dejados de la mano de Dios. Ardo en deseos de seguir sabiendo de la Sra. Mangana, Van-Pollen y, como no, de mi favorito, Centolloman o Mr Smith. Asi que le conmino a que deje de tocarse los huevos y escriba algo.