Ayer noche decidí romper con mi reciente pasado de melenudo rebelde y cortar de raíz con una época pretérita de enfrentamiento con el poder peludo. Así que, ni corto pero sí perezoso, agarré la maquinilla eléctrica y la pasé reiteradas veces por mi ilustre cabeza, quedándome al final un cráneo de lo más pinturero y pelón. Hoy, por tanto, fui el centro de atención de mi cochino sitio de trabajo, y a la hora del café, surgió una interesante charla acerca del tema greñudo.
Hallábanos los de siempre y en el sitio de siempre (somos personas de hábitos) charlando animadamente sobre cierto viaje al aueropuerto cuando surgió el tópico del que he venido hablando: El transplante de pelo testicular hacia la cabeza, punta de lanza de los pelones involuntarios y piedra angular de su existencia cotidiana.
Inicialmente, se examinó el método, el cual consistía en ir implantando poco a poco mechoncillos de pelo ensortijado en las frentes sobrias y despejadas de los sujetos. Evidentemente, es una vía de actuación de lo más lamentable, sobre todo si se mantienen los hábitos sexuales masturbatorios de una vez al día, ya que lentamente, se ve cómo se pasa de tener un pubis frondoso y con fauna propia a tener una llanura estéril, sin vida y coronada por un falo igualmente imberbe, alzado cual columna marmórea que marcara el fin del mundo. Todo ello, por supuesto, tapizando lentamente la calva de dicha persona humana. Ello me llevó a una serie de cuestiones importante: Cuando se rasque la cabeza, ¿le olerá a dicha persona la mano a pene? ¿Tendrá que lavarse la cabeza con champú anticaspa ó con jabón antiladillas? ¿Dolerán los tirones con el peine como una sacrosanta patada en los testículos? Estos interrogantes me avasallaron en exceso, y hube de cambiar la fuente de los cabellos ensortijados, optando por lo que podría ser una maravilla para el género masculino calvo: Un implante de pelo de vulva fémina, con su fragancia turgente y refrescante. Sin embargo, la situación es, si cabe, más delicada, ya que automáticamente, los receptores del implante andarían rascándose la cabeza a todas las horas, originando llagas y satisfacción a partes iguales. Otro problema añadido resultaría de la uniforme estética de dichos receptores, ya que la raya en el medio de la cabeza sería la norma común.
A punto del colapso, decidí descartar los pelos ensortijados, fuente de todos los problemas capilares, y opté por cabellos lisos, que posibilitarían a sus afortunados poseedores el poder agitar su melena al viento cual modernos Aragorns seductores; al indagar sobre las zonas a elegir para extraer el cabello, quedé hondamente afectado al constatar que los folículos habrían de ser extractos bien de los sobacos, bien de la zona anal-perineal. En ese momento, alcancé a imaginar un héroe de leyenda, con una larga melena ondeando al viento y esparciendo efluvios pestilentes al moverse, inundando los alrededores con un tufo a mierda inaguantable debido a su implante de pelo anal en la cabeza... Menos mal que la conversación volvió de nuevo por los derroteros de siempre, centrándonos en la crítica a un bar en el que las camareras se muestran exhuberantes y casi muestran sus turgentes pechos sin misericordia junto con pitraco selecto.
Calvorum electum semus.
Hallábanos los de siempre y en el sitio de siempre (somos personas de hábitos) charlando animadamente sobre cierto viaje al aueropuerto cuando surgió el tópico del que he venido hablando: El transplante de pelo testicular hacia la cabeza, punta de lanza de los pelones involuntarios y piedra angular de su existencia cotidiana.
Inicialmente, se examinó el método, el cual consistía en ir implantando poco a poco mechoncillos de pelo ensortijado en las frentes sobrias y despejadas de los sujetos. Evidentemente, es una vía de actuación de lo más lamentable, sobre todo si se mantienen los hábitos sexuales masturbatorios de una vez al día, ya que lentamente, se ve cómo se pasa de tener un pubis frondoso y con fauna propia a tener una llanura estéril, sin vida y coronada por un falo igualmente imberbe, alzado cual columna marmórea que marcara el fin del mundo. Todo ello, por supuesto, tapizando lentamente la calva de dicha persona humana. Ello me llevó a una serie de cuestiones importante: Cuando se rasque la cabeza, ¿le olerá a dicha persona la mano a pene? ¿Tendrá que lavarse la cabeza con champú anticaspa ó con jabón antiladillas? ¿Dolerán los tirones con el peine como una sacrosanta patada en los testículos? Estos interrogantes me avasallaron en exceso, y hube de cambiar la fuente de los cabellos ensortijados, optando por lo que podría ser una maravilla para el género masculino calvo: Un implante de pelo de vulva fémina, con su fragancia turgente y refrescante. Sin embargo, la situación es, si cabe, más delicada, ya que automáticamente, los receptores del implante andarían rascándose la cabeza a todas las horas, originando llagas y satisfacción a partes iguales. Otro problema añadido resultaría de la uniforme estética de dichos receptores, ya que la raya en el medio de la cabeza sería la norma común.
A punto del colapso, decidí descartar los pelos ensortijados, fuente de todos los problemas capilares, y opté por cabellos lisos, que posibilitarían a sus afortunados poseedores el poder agitar su melena al viento cual modernos Aragorns seductores; al indagar sobre las zonas a elegir para extraer el cabello, quedé hondamente afectado al constatar que los folículos habrían de ser extractos bien de los sobacos, bien de la zona anal-perineal. En ese momento, alcancé a imaginar un héroe de leyenda, con una larga melena ondeando al viento y esparciendo efluvios pestilentes al moverse, inundando los alrededores con un tufo a mierda inaguantable debido a su implante de pelo anal en la cabeza... Menos mal que la conversación volvió de nuevo por los derroteros de siempre, centrándonos en la crítica a un bar en el que las camareras se muestran exhuberantes y casi muestran sus turgentes pechos sin misericordia junto con pitraco selecto.
Calvorum electum semus.

7 comentarios:
Como siempre los americanos a la cabeza
Nuevo avance--> Follicular transplant (see google)
Que debe ser 50% rizos de la area genital masculina, 50% de la zona bajolabial femenina (uno rubio y otra morena si se desea efecto mechas). De ese modo la reproduccion del cabello esta asegurada y el follaje craneal aumenta irremediablemente.
No lo podriamos haber patentado nosotros?
Y digo yo, por que no se dedican ustedes ha hablar sobre temas realmente importantes? entiendase, Chargers o Real Madrid...
El mismo que escribio el anterior mensaje. Me perdonen el "ha hablar". Con todos mis respetos, pero no quisiera mancillar con un insulta a nuestra lengua y a este siempre linguisticamente bien tratado blog, con semejante aberracion ortografica.
Señores, haya paz!!! Cabe decir que puede que en breve dedique una disertación a temas tan importantes como los Chargers ó el Madrid, que son lo más grande después del Día del Señó, pero sí que es cierto que debo darle un tirón de orejas a BertoliniMan por haber dejado colar semejante gazapo en un blog tan cuidado como el mío, aunque una mala tarde la tiene cualquiera (Chiquito dixit). De igual forma quiero decir al anónimo siguiente que también tiene testículos el cambiar de género un INSULTO, pero las malas tardes se suceden y no soy quien para criticar. Vaya desde aquí mi mensaje de paz y prosperidad órtica para todos los que por aquí rulan.
Dada la actitud y pulcritud al utilizar nuestra lengua que Mr. Crapula demuestra (por cierto, Crapula es palabra llana en USA por no tener tilde), creo que deberia ser nominado para un sillon en la real academia. Camilo Jose Cela nunca uso la palabra mierda de forma mas acertada ni la subio a un nivel mas alto.
Si el tubo sillon, Mr Crapula tambien!!!!!!
Que la lefa os acompanhe...
Estimado anónimo:
Me siento henchido de orgullo por tamaña nominación, mas no puedo aceptarla debido a que un sillón de la academia es lo más incómodo que pueda haber. Si no, ¿cómo se explicaría el permanecer despierto durante las terroríficas sesiones de tortura en las que se debate sobre el sexo de los ángeles? Desde aquí declaro que, o me dan un butacón reclinable o me dan una taza de retrete para asistir a dichas sesiones. De lo contrario, crearé mi propia academia de la lengua. Dicho queda.
Posiblemente una de las mejores entradas que he le he leído a Mr. Crápula
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