6.9.06

Mierda, mierda y nada más que mierda

Trotando cual alegre y despreocupado potrillo, en mi trabajo estaba, y poéticamente me dirigí hacia el mejor sitio del mundo cuando una persona humana se encuentra agobiada intestinalmente, dispuesto a dejar fluir mi esencia embriagadora para mantener la concentración. No obstante, mi calma se turbó cuando descubrí que no sólo alguien se me había adelantado, sino que además había dejado honda marca de su huella en el trono de los tronos. Indignado, hube de retirarme rápidamente para mantener la serenidad y comenzar a buscar sospechosos, desistiendo al momento, ya que su número aumentaba cuasi-exponencialmente. ¿Qué clase de persona es capaz de perturbar la paz de un retrete con una repelladura cruel y anónima? ¿Qué maníaco osa aniquilar las esperanzas de un honrado trabajador de relax matutino? Tamaña locura hizo divagar a mi mente por extraños universos paralelos, en los que me ví situado en mi puesto de trabajo y con la nariz arrugada por un extraño hedor a mierda fresca. Al volver la vista atrás, pude comprobar cómo un concentrador a vacío se encontraba funcionando y con un mojón en su interior, eliminando todo resto acuoso del susodicho zurullo. Con los ojos como platos, retrocedí unos pasos, pero caí debido al hecho de que sin saberlo, tenía los pantalones bajados a la altura del tobillo y un guante de látex lleno de semen atado a mi pene erecto, amén de mantenerse el increíble tufo a mierda. Al borde de la histeria, decidí salir del cuarto, encontrándome todo el pasillo lleno de mierda repellada en el suelo, en las paredes. Inexplicablemente comencé a ver a mis compañeros de trabajo zombificados, flotando en el aire, rebozados en mierda, con sus ortos dilatados espectacularmente y esbozando una sonrisa burlona debida seguramente a un último espasmo en el acto de defecación más atroz del universo. Al borde de la histeria, comencé a gritar y a reírme sin razón alguna, momento en el que sentí que mi orto empezaba a dilatarse...despertándome en ese mismo instante de una terrorífica pesadilla: Me había quedado sopa en la letrina, y la peste que se había desatado era poco más que espantosa. Creo que si hubiera salido a la atmósfera, se hubiese desatado un tifón fecal. Tras volver a la realidad, limpié el hilillo de baba que me caía de la comisura, producto de mi inquieto sueño, me arreglé los bajos fondos y salí de allí rápidamente. En mi alocada huida, pude ver que la repelladura seguía allí, mirándome y esperándome para volver a provocarme las más espantosas pesadillas....

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