Hoy he sido incapaz de dormir. Me asaltan los remordimientos. A las 4 de la mañana encendí la triste bombilla que cuelga de un cable eléctrico asido al techo de la habitación para poder tener algo de luz en mis podridos pensamientos. Viviendo una escena en blanco y negro, abrí la ventana para poder refrescarme un poco y espantar las dudas y carcomas morales que se habían asentado en mi mente. Soy el mal. El Mal con mayúsculas. Anoche cometí una vil felonía y es por ello que estoy purgando ahora mi pecado, sufriendo agónicamente los remordimientos. Encendí un cigarro. Dos. Tres. No podía fumar siquiera. La humedad de la noche sumada al calor que tenía por la proximidad de las llamas del infierno al que estaba condenado, hacían que gotas de negro sudor resbalasen por mi frente y mojaran el güisky que tenía delante, volviéndolo una charca estéril y ponzoñosa. Tal es mi condición. Sé que CarpaMan pudo cometer un acto semejante, pero él sólo es la encarnación del Mal. Yo soy el Mal y lo sé; es por eso que poco a poco me enveneno en mis elucubraciones. Las 5 de la mañana. Suenan lúgubres campanadas que me recuerdan el averno en que me estoy convirtiendo. Seis vasos de güisky me ayudan a recuperar algo de cordura, momento en el que solemnemente me prometo a mí mismo no volver a robar una taza de un bar. Por muy a huevo que lo tenga. Una vez reconfortado, me masturbé un ratito y me eché a dormir. Me maravilla mi capacidad de recuperación desde la desgracia, jur, jur, jur.
12.9.06
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