Hoy, tras una copiosa bacanal culinaria, tocó la hora de la retirada, para la cual fue necesario atravesar un polígono industrial. En él, aguardaban inquietas las mercenarias del amor, ávidas de la caridad carroñera de desechos sociales. Diosas de ébano y de marfil, expulsadas desde un cielo infernal a la bajeza de la ruina humana. Bellezas trocadas en espantos por una rutina que se alimenta de aberraciones día tras día, mes tras mes, siglo tras siglo. Tras meditar un poco sobre ello, volví mi mirada hacia los buitres que sobrevolaban aquel yermo, consiguiendo ver únicamente escoria inadaptada sexualmente. Bazofia social que caricaturiza al ser humano masculino. Pseudohombres que precisan experiencias que los hagan huir del anquilosamiento mental diario. Censores de la moral ajena que disfrutan saboreando las prohibiciones ejercidas sobre los demás. Reprimidos buscando exfoliar la podrida superficie de su alma mediante la aspereza y la sordidez de su condición. Malditos ellos y sus circunstancias, por cuanto sus ansias conseguirán transformar lejanos paraísos en purgatorios colindantes. He hablado.
7.9.06
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