7.9.06

Reflexiones sobre Gran Hermano (1)

¡¡¡Weeeeeeeeeeee, acaban de comunicarme que una nueva edición de Gran Hermano comienza hoy!!! Ese mítico espacio televisivo en el que se dan cita esperpentos de lo más increíble, escombros humanos de la sociedad actual que luchan por intentar prolongar sus habilidades subhumanas un poco más de lo que les permiten sus cerebros de masa informe fagocitadora de mierda.

Como bien describe el título de esta entrada, GH comparte las iniciales en inglés con la hormona de crecimiento, pero parece ser que en España el concepto de crecimiento es un tanto peculiar: Parece ser que cuanto más gilipollas sea la masa, en lugar de intentar educarla, más mierda meten por la tele. Desde mi silla y con mi vaso de güisky (que para eso estoy en España, joder) veo un futuro muy oscuro reflejado en el ocre color de mi bebida, donde todos los españolitos de a pie se habrán convertido en las anteriores masas informes y viscosas, que rodearán montones de mierda pestilente para alimentar sus pólipos cerebrales, los cuales les permitirán articular sonidos guturales que suenan a “....unngghhh.....aaahnnn....mmaaannnoooo....”. En grandes pantallas expuestas por el suburbio urbano construido con detritus en el que habitarán estas masas amorfas, dará comienzo la edición número 2000 de Gran Hermano, donde 20 babosas reptantes tratarán de aparearse y fagocitarse después. La élite vivirá como siempre ha vivido, aislada de la podredumbre en sus torres de marfil y controlando las primitivas mentes de sus “evolucionados” esclavos. Esta élite beberá buen vino y recordará con angustia aquella época en la que los borregos de sus inferiores pedían derechos e igualdad, y bendecirá el día en que a San XXXX (no sé quién coño es) se le ocurrió la idea de realizar un programa llamado Gran Hermano para hacer que la población olvidara sus estúpidas reivindicaciones y se unieran en la gilipollez colectiva.

Enfocando de nuevo mi visión al cubito de hielo del vaso, vuelvo a la realidad, y no dejo de maravillarme de los millones de imbéciles que seguirán ese estercolero televisivo felices de poder oler a mierda y chapotear en ella como Tío Gilito en su depósito de dinero. Me alegro de haber nacido en España, porque si no, no podría reírme a costa de tanto soplapollas.

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